‘A PROPÓSITO DEL BRIZUELA CHAT BY CAÑETE’ POR OMAR GENOVESE

 

TEXTO DE OMAR GENOVESE

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Estas notas son al margen de un diálogo. Como tales, pueden tomarse como dudas sin derecho a réplica, o dignas de refutación e insultos. Poco importa. Me tomé el trabajo de escuchar atentamente el diálogo de Cañete y Brizuela, tomar nota. Al menos por eso, muestren respeto. Lo demás es fanatismo…

Es domingo, cae la noche. Y Cañete incita a la lectura de su diálogo con Leopoldo Brizuela. Es, si se quiere, un riesgo atendible, incluso admirable, que un crítico de arte se adentre en la oscuridad del fondo del pozo de la literatura argentina. No lo digo por Brizuela, sino porque la literatura se construye en los márgenes que están en el fondo del pozo donde el que no ve sigue siendo el más visionario de la literatura, me refiero a Borges. Nuestra literatura es al “tacto”, o sea: veamos cómo seguimos con esto de la escritura a medida que avanzamos. Eso se nota en general, más en los cuentos que en la novela, por esa estructura cautiva del enseñar a escribir. Toma el papel hijo mío, rellena en él -con tu caligrafía ilegible- una prosa con esencia.

Volvamos del chiste. O vayamos hacia él. Todo el tiempo basculando entre ése tono y el no tono. Estamos escribiendo sobre música y palabras. Ritmos y entonaciones. ¿Quién puede leer en voz alta entonando? ¿Quién puede dar énfasis al texto de otro como si el otro le habilitara la llave de semejante privilegio? Uno es Alberto Laiseca: escenificó a Poe. Alcanza con compararlo al registro de voz el del poeta oficial del Estado “amigo”, conocido como Juan Gelman (ése que se puede escuchar junto con el Cuarteto Cedrón), en donde su cadencia habla más del dejo que anticipa su propia victimización, con una reminiscencia sombría y a la vez celebratoria del imprescindible martirio futuro.

Me refiero a la voz y el tono, al rasgo poético de la lectura. Pero justamente, es lo que falta en la escena literaria argentina. Vuelvo al fondo del pozo. Nuestro poeta nacional, nuestro Homero, cuando hablaba lo hacía con el estilo con el que escribía, dudando al entonar, dando al escucha la certeza de que compartía con él un saber universal, y éste, a la vez, lo hacía partícipe de lo Universal. ¿Era un truco? ¿Era un pase mágico hacia lo artificial donde el destinatario creía en él un destino trascendente que no le pertenece? Cómo saberlo, si el lector es, por decirlo en términos menos eficientes, un niño con ansias de sorpresa… Y aquí, en el vector de “la crítica”, es donde se opone Rodrigo Cañete al dialogar con Brizuela. Se ofrece como ése niño con ganas de sorprenderse en la lectura, o mejor, quedar admirando. Mecanismo que no es literario, sino del crítico, en su caso, del arte. Sorpresa y admiración de los sentidos. Vale decir, lo primitivo, elemental, del “espectador”, del que “contempla”. El sujeto de la experiencia sensible en su relación con el arte. Y aquí no me refiero al arte como un bien supremo, sino como una experiencia del pasado en el actor destinatario. La crítica, y en este caso el crítico, se alarman de su asombro, no por cuestión de regodeo, sino de reconocimiento de que su caso es excepcional, porque todo lo es cuando esto ocurre. Ahora bien, el privilegio, ¿no es una distinción estética que refiere a una jerarquía de carácter superior? Sí. Y esto revela una culpa, la culpa por ser distinguido por tal artilugio del saber y de la experiencia estética. En eso debemos pensar cuando hablamos de “el límite de la crítica”.

Pero la posición de privilegio plantea, al menos, dos cuestiones. Una, ¿existe un principio de autoridad crítica? Segunda, ¿el crítico está autorizado a todo? La circulación de lo nuevo, por caso, la información disponible por internet, ha creado un fantasma polimorfo respecto al conocimiento. Existe un supuesto diálogo entre textos, incluso entre personas, pero, ¿es posible un diálogo crítico por fuera del acto de escribir en lo literario? Salir de la herramienta de la escritura ya no produce crítica sobre la literatura, sí una serie de afirmaciones en la oralidad donde, de manera llamativa, la enunciación enfática no existe porque el estilo no aparece. Son límites, como pretender una estatua sin ocupar un espacio. O una imagen sin luz. Y aquí es donde cobra otro significado el “cuadro negro” que encuentra Cañete en un libro de Brizuela. O, mejor, el cuadro es ése fondo negro de la literatura en el fondo del pozo de la literatura argentina. La crítica literaria es la imposibilidad de que una novela se defienda, o de respuesta. La crítica literaria es un avance sobre eso que está en el fondo de la cripta a disposición del saqueo de su cuerpo descomponiéndose. Esta imagen sepulturera puede ser un poco exagerada, pero aquí es donde lo “nuevo” que tanto inquieta a Cañete en el arte (ya por su desmaterialización teórica en lo cool, ya por su “banalidad del pan”, por puro reconocimiento en concierto con ciertos modos de validación autosuficiente del mercado y sus actores precipitados por algún fenómeno de agregación de la materia cultural), para la literatura es, al menos en Argentina, la novedad que se acumula para rellenar el pozo y no se pueda ver el fondo del mismo. Por año, aproximadamente, en los últimos 10 años, más de 3 mil títulos de novela y cuento se vienen acumulando. Esto determina un límite físico: el espacio disponible en publicaciones como suplementos literarios apenas roza el 10% de tanta novedad. Vale decir, el 90% no entra en el plano crítico, entendiendo que todas las reseñas efectivamente trabajan con mecanismos de lectura que implican “la crítica”, cosa que no ocurre. Comentar graciosamente que estamos ante “una voz poderosa”, que “es uno de los narradores más potentes de su generación”, por dar ejemplos cíclicos, no es consecuencia de un acto de lectura sino de resumir cierta necesidad de subrayar lo que no existe. Si existe un lector ávido y sagaz (cosa que creo, más allá de los escritores), sabrá desconfiar ante semejantes expresiones. Y flaco favor le hace semejante elogio al autor del que el lector escapará con bastante apuro.

Ahora, también, ¿el crítico está autorizado a todo? Si no se considerara así no sería crítico. El crítico, y aquí es donde coincido con Cañete, no trata con dioses, ni el arte está en el cielo inaccesible de donde llegan como débil reflejo algunas obras. La materialización artística en la plástica es mucho más cruda, incluso brutal, que la literaria. Pero se trata de una brutalidad de puesta en valor de mercado, en números reales que cualquier escritor (y podemos pensar en la mayoría) mira azorado pensando cuántos miles de ejemplares alcanzarían a semejantes cifras cuando se vende un cuadro. La diferencia, por tanto, es abrumadora. Lo que en el envés de esa moneda habita, al menos para los escritores, es el valor simbólico que reside en la constitución de su imagen como escritor. Ya en 1990 comenzaba la caída libre de la cotización del escritor como referente social. En la crisis del 2001 ocurrió la desconexión absoluta, y la sociedad no necesitó más de su opinión para resolver o iluminar alguna zona oscura de lo contemporáneo. Por tanto, el escritor quedó en un corralito donde puede ser únicamente para la literatura. Esta realidad opera también en las políticas de construcción de la propia imagen, que durante los últimos doce años viró hacia el eufemismo “intelectual”. Es aquí donde ciertas temáticas literarias se afirman como legibles, digeribles, por no calificarlas de sumisas. Si el ejemplo que inquieta a Cañete es Edgar Alan Pauls (que sigue sin contestar a su desafío al debate sobre lo que escribió en El País sobre Ana Gallardo), yo buscaría otros orígenes, desde los que Pauls parece remitir para su propia construcción como escritor de carrera. Porque proviene de la academia, porque tiene una trascendencia mediática por fuera del papel.

En sí, para la construcción de un Narciso hizo falta un No Narciso, o peor, alguien que supiera disfrazar a su Narciso de oveja mansa. Para, recurriendo a toda teoría literaria (paper nativo o extranjero en vigencia efímera), generar una serie de textos (novelas cortas o inconclusas) que conformen ejemplos o contradicciones, también críticas, de esas mismas teorías. Y ése es el vacío de Aira que corresponde metódicamente al vacío de Pauls. Vacío relleno de nada del que lo acusara Fogwill por El pasado. Pero se trata de un vacío de Palermo que responde a lo cool. Mientras que el vacío de Aira es de Pringles y de Flores, algo así como un prinflismo. Lo que viene a confirmar la sospecha de Cañete: este tipo de huecos son funcionales a los modos de representación que necesita lo académico al no generar saber. En este caso, tal no saber se puede especular como la negación de una literatura de “ideas”, pero dejemos esto para más adelante. Aira, en la construcción de su no imagen como escritor, habilitó dos permisos: no dar reportajes, al menos en Argentina, y escribir con el desgano de quien lo hace porque “ustedes lo merecen por no deificarme como corresponde”. Por caso, en su actividad como “curador” de la obra de Osvaldo Lamborghini, la neutralizó de manera tal que su no imagen fuera la que quedara por encima. En la operación de difusión triunfó la no difusión de Lamborghini. Cortázar muere en 1984, Osvaldo en 1985 y Borges en 1986. Descontando a Sabato reconvertido en el intelectual de la verdad, el camino para ser el “escritor nacional” quedaba despejado. Y sin matar “al padre”, pero “tapando al amigo”, corriéndose de su demandante sombra, Aira produjo la distracción suficiente para que el año pasado figurara en la larga lista de candidatos al Premio Nobel. De alguna manera llegó al sistema de estrellas sin atributos para serlo, y menos aún con la poca gracia personal que luce. En esta línea, Pauls -gran cultor de la pose fotogénica de la desprolijidad inmaculada, lo que supone cierta sorpresa cotidiana en lo natural- da reportajes con el desgano con el que escribe Aira y escribe sobre la nada de la que aquél no escribió. Hay más nada, el mercado del libro es generoso y da lugar a muchísima nada que, contradiciendo su principio de supervivencia, no vende. Pero, pero da prestigio. Maravilloso, por culpa de Cañete llego a que la nada da prestigio. En momentos como este pienso en el suicidio.

Ahora, la nada puede ser puesta en valor, entonces recurro a la cita de un fragmento de Literatura Argentina de Pablo Farrés, donde la nada se convierte en la mierda en sí:

“Y hay otros escritores que parecen completos come mierda pero no, no comen, ni huelen ni husmean. Son los que actúan el acto de comerse la propia mierda. Esos también soy yo. En algún sentido, a Fogwill lo condené a actuar para siempre. Lo mismo con Alan Pauls. Hay otros a los que los hago actuar el acto de comerse la mierda ajena. A Piglia lo hago actuar todo el tiempo. No quiere saber nada con la mierda, pero actúa comer mierda, no su mierda, actúa comerse la mierda de otros: Borges, Arlt, Macedonio, Joyce, Bernhardt, Kafka. Pero también soy escritores cuya mierda es incomible. Salvo “La causa justa”, mi Lamborghini es incomible. Hay pocos escritores cuya mierda es incomible. Con Saer casi logro que sea un escritor incomible, pero se me apareció Chejfec y le hice chupar el culo de Saer de tal forma que logró sacar los últimos restos de mierda que ni yo mismo pensaba que quedaban. Con Charly Feilling intenté comer mi propia mierda lamborghiniana sin comprender que con Lamborghini me había comido toda la mierda lamborghiniana y no había dejado nada. Eso es lo más difícil: volverse incomible. La mierda de Borges es absolutamente comible, la mierda de mis Airas, muy a pesar mío, más allá del esfuerzo desaforado por hacerlo comer toda su mierda, también es comible. El problema con mis Airas es haber producido tanta mierda que ya no pude hacerlo comer toda su mierda. Ha sido una apuesta difícil y diferente. En vez de dedicarme a hacerlo comer su mierda, aposté por hacerle producir tanta mierda que se me volvió imposible transformarlo en un come mierda total. De ahí que no alcance el estatuto de incomible. La mierda de Copi comible. La mierda de Puig comible. La mierda de Saer casi incomible. Otro incomible: Marcelo Cohen. Laiseca. Laiseca, más o menos. Néstor Sánchez, verdaderamente incomible. El caso de Di Benedetto es raro. Es un incomible, pero nos obliga a actuar el comernos su mierda. El caso de Felisberto Hernández es el mismo que el de Di Benedetto. Pero cómo transformarlos en incomible. Podría hablar de diferentes estrategias, pero en el fondo se trata de la propia extenuación. Comer, comer y comer. Es el ansia de comer mierda lo que hace de un escritor un incomible, pero de tanto comerse su mierda, los incomibles dejan de preocuparse por producir su mierda. Entonces terminan comiéndose a sí mismo, se comen la mierda hasta que ya no hay mierda, entonces se comen los dedos, y cuando no quedan dedos, se comen los brazos, y cuando no quedan brazos se comen el cerebro. Ya no hay mierda, ya no hay nada, pero el ansia de comer no encuentra límite. ¿Qué es más importante?, ¿comerse la mierda o producir mierda? Sin dudas, comerse la mierda. ¿Qué resulta más significativo?, ¿comerse la propia mierda o comerse la mierda de otro? Es imposible saberlo. La mierda no tiene identidad, es de todos y es de nadie. ¿Qué diferencia al que come mierda del que no come mierda? El que no puede o no quiere comer mierda es un señor que cuando habla está hablando. El que come mierda nunca está hablando cuando habla, porque cuando habla se come las palabras como si todavía estuviese comiendo la mierda de la especie. Nunca está o siempre está en otro lugar. Pero yo estoy y he comido la mierda de todos. Yo soy Aira, yo soy Fogwill, yo soy Saer, yo soy todos.”

Ahora leamos lo que dice Brizuela a Cañete: “La literatura tiene un gran momento, es en el que el arte es un modo de descubrir y no la enunciación de lo que uno ya sabe. Hay un montón de otros incentivos, pero el mercado y el editor, por ejemplo, quieren que vos seas el mismo. Que seas uno y te repitas. Entre los 3 (Brizuela, Kohan, Pauls), somos de una generación que no fue alertada sobre la construcción de una manera tan brutal. Hoy está pautado hasta en la manera de vestirse. Ahí sí hay una estrategia…” Lo señalado es más que estrategia, es la dimensión de la cadena con la que el animal escritor queda atado al alambre del fondo del mercado, como perro de quinta: el largo de la atadura define su campo de maniobras, o lo paraliza por completo, repitiéndose a sí mismo. Por eso Cañete le señala: “Vos te sentás en una actitud muy Random House, y te sentás en la entrevista con una actitud que no es la del negrito.”

Negrito. A ver. Sarmiento era negrito. Y escribía, y cómo. Pero también la negritud de la que hablan respecto a la distribución social del odio, de donde proviene el mote “cabecita negra”, hoy reducido al “no seas cabeza”, síntesis del desprecio por una actitud de origen en un cierto mal gusto de la pobreza. Acá es donde, creo, se agota la parafernalia de interpretaciones en torno a las “condiciones de producción” y a la “posibilidad de progreso social”, frases reiteradas en tantos reportajes al aluvión de sociólogos incrustados en la literatura argentina. Eso incluye terminología del tipo “reconocimiento literario”, “construcción simbólica”, y siguen las firmas. La fraseología monotemática agota el ingenio, más bien lo paraliza o lo espanta, no sé qué es peor. En eso, le doy la derecha a Cañete: en el uso de la lengua existe el límite de la crítica. Por ejemplo, La Nación, históricamente, no publica una crítica literaria de tono negativo. Me refiero a tomar un libro, descomponerlo, mostrar sus fisuras hasta agotarlo. De esta manera, lo crítico es asertivo, y lo que no es así, no existe. Un universo de omisiones queda en el limbo. Sin embargo, existe en la toma de posición por la negativa la posibilidad de analizar mecanismos, recursos, estrategias, que tanto embarran el territorio como complejizan lo que resulta sencillo. Vale decir, la imposibilidad de la negación incentiva cierta histeria de la crítica, una histeria positiva, también expuesta al riesgo de lo falso, del engaño por lo falso. Pero estoy agitando la rama más lejana, volvamos al tema del diálogo virtual.

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Reproduzco una parte substancial (en rasgos casi textuales) para luego volver sobre el tema:

C: Mi tesis sobre Una misma noche, es que la relación con tu novela es espacial.

B: En esa novela lo que le pasa al protagonista no está en la superficie. El mismo personaje tiene que ver con lo que le pasa en el cuerpo. Sueño, vómito, miedo.

C: Si la literatura genera una experiencia del cuerpo, otro momento arquitectónico, es el Museo del Holocausto en Washington con la escultura que es un cuadrado negro incrustado en la pared (Serra). Es como un cáncer, hay que aprender a convivir con el lado más oscuro.

[Acá C le recrimina a B escribir el texto de un catálogo de Hernán Marina. Lo trata de mercenario.]

C: El escritor flash / egresado de Puán opinando sobre arte como si la crítica de arte fuera una experiencia vivencial. El escritor escribiendo crítica de arte es Alan Pauls, en El País, escribiendo sobre Ana Gallardo. Una de las cosas que me llama la atención es la cuestión de la transformación de la pobreza y la precarización por parte de Ana Gallardo, porque es blanca…

B: Precarización. Lo que me parece interesante de lo de Hernán Marina, en diferencia con lo de Pauls con Ana Gallardo, fue que lo hice para evitar la precarización, escribí sobre cualquier cosa.

C: Vos sos un tipo de carrera.

B: En 2002 gané una beca para ir a Canadá. Zafé del quilombo. Me llevé porta útiles porque pensé que no me podía comprar nada. Me encontré en Canadá con la carrera, una contención para el arte que lo que hace es matarlo.

C: Vos sos cortesano, circulás por los pasillos oficiales.

B: Entrás en una especie de negociación permanente. En Iowa se quejaban del tipo de horno para calentar la comida.

C: La vida es difícil. Tu planteo es de niño consentido. Vivo de los cursos, y no me inserto en los protocolos.

B: La relación entre el tipo que calcula cada paso de su vida es esclavitud. Está tan extendido, un pibe me dijo: “Leí los 4 jóvenes que Emecé publicó”, creía que iba a encontrar la fórmula para ganar el premio Alfaguara.

C: Apareció otro tema: aquellos que con cierto margen intentan construir una idea de estilo cool. El tema de la estética y ética palermitana. Palermo ocupa un espacio dialéctico, en la crítica se erige Palermo y eso ocupa todos los espacios.

B: Algo que no es nada cool es tener carrera. La idea de pasión por la literatura no es cool.

C: ¿Podemos definir la cultura Palermo?

B: Hace muy poco que voy a dar clases en un barcito por ahí. La cátedra de Teoría Literaria I de la UNLP, toma a los grandes teóricos del siglo XX y un solo libro publicado por Eterna Cadencia. Esto me parece un esnobismo que está permeado.

C: Para vos Eterna Cadencia encarna el ethos palermitano, cuando la editora, Djament, es de Flores. Pura impostura.

B: Yo me cuido de todo eso.

C: Entonces no me estás dando nada, con eso de cuidarte. Dijiste una cosa, tenés que escribir la verdad. No me contaste que estabas casado. Cuál es la relación de esta construcción ingenieril en donde lo que manejás muy bien es la expectativa, te doy pero no te muestro. Yo diría: LB es un gran administrador del ritmo de lo que se da.

B: Es el suspenso.

C: Hay una línea muy delgada. Vos lo que hacés con el libro. Pensás, pensás, pensás, y cuando no podés pensar más, apretás el botón.

B: Yo dejo los libros y salgo corriendo. No tengo buena relación con los lectores.

C: Te vi en México hablando frente a un auditorio. ¿Quiénes son nuestros escritores? Son todos unos enfermitos. (El cuadro negro: reservar la información por miedo.)

B: Yo tengo un repertorio de habla para cada lugar donde voy.

C: Eso es el libro del cortesano. Practicar el artificio a los fines de que el artificio no se note. Entonces para vos la vida es una novela. Por eso te negás a la representación.

Bien o mal, acá está el descarne de la débil posición del escritor argentino. Hablo de la debilidad que no encontramos en Brizuela, digo que él es digno porque tiene la valentía de enfrentar a Cañete, a esta altura de este texto, un espejo bastante insoportable. Pero no por lo que dice, sino por lo que deja en duda. Cañete, su relevancia como crítico, tiene que ver con éste poner en juego el cuerpo en una situación de expectativa (satisfecha o no, poco importa). Lo sigo a Cañete, he visto y disfrutado sus pastelas, la forma en que atraviesa con su lanza cacique el rancho impúdico de un artista insufrible, e infumable. En sí, Cañete desbarata la farsa de la otredad. No me pidan que me extienda en esto, pero lo siento así, de manera intuitiva. La cosa en sí es que lo alto se hace en lo bajo y repercute en la nada de una existencia efímera. ¿Cuántas veces veremos repetida la misma escena a manos de artistas que carecen de entidad? Es un loop, es un video de los 70 donde la estética no hace mella en la masacre por venir.

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Estaba pensando en qué pasa con eso de la estética del holocausto casero. La ESMA, que fue tema de discusión entre Cañete y Brizuela, se me apersona en otra relación. Con Gustavo Nielsen, mucho antes que ganara el concurso para realizar el Monumento por la Memoria (o como se llame, no tengo ganas de abrazar a mamá Google), pensamos, o nos permitimos un punto de inflexión, respecto a qué hacer con ése edificio (o conjunto de edificios) de mierda. Y ahí convenimos en algo. La idea era escénica, o en todo caso, homenaje a Brecht. La noción implicaba arrasar con todo eso y dejar un playón de cemento con un pito de barco en el medio. Y entonces, todos los días del año, a las 22 hs., durante un minuto, el viejito guardia (único habitante del predio) se acercaba al pito y le daba pulso. Un pitido de barco infernal, insoportable, invadiría el barrio de Núñez, la capital toda. Todos los días. En recuerdo de la masacre del terror. Algo barato, pero determinante para que ése campo fuera yermo de por vida, porque ahí, la muerte fue fabricada con dolor, tortura seguida de muerte. Un homenaje al grito silenciado. No sé, fue un delirio teórico, pero no por eso menos válido para ser expresado aquí.

Ahora, volviendo al tema. Brizuela fue premio Clarín, también Nielsen. Recuerdo una charla con Pablo Toledo, también premiado por dicho medio. Me dijo: “Gané el premio y no me dieron laburo en ningún lado, pensaban que era millonario”. Y lo peor, hoy están cerrando The Buenos Aires Herald, donde él escribía crítica literaria en inglés. No sé, la realidad no soporta tanto sarcasmo.

Por otro lado, Palermo no existe. Y menos en la literatura. La vanguardia no está ahí, sino en el margen. En la pobreza, si no está la abuela en guardia, a las nenas de 6 años las viola el tío, el abuelo mismo o un primo. Y la referencia es de Luis Thonis, el verdadero amigo de Osvaldo Lamborghini. Duerman ahora con la irritación de colon que corresponde.

Los dejo. Me extendí por demás. Queda en el tintero la cuestión de las ideas, su relación con los talleres de escritura creativa, como el de Iowa y sus réplicas argentinas. Pero no va más, como en el casino. Olvidé que esto es un blog, que Cañete teoriza como naides y que la realidad argentina no se ajusta a la sabiduría de sus críticos, siempre es deudora.

FALTA UN MES EXACTO PARA MI CURSO SUPERINTENSIVO PRESENCIAL DE TEORIA DEL ARTE CONTEMPORANEO EN BUENOS AIRES

EL OBJETO ARTÍSTICO COMO EL ÚLTIMO REMANENTE DE REALIDAD

​​​​​​​Primer Día – Mañana del Sábado 23 de Abril

 10 – 11.30AM

 Objetualidad Minimalista vs. Pictorialismo Objetual 

Michael Fried y el debate entorno de la ‘teatricalidad’ de la obra de arte:
Jean Baptiste Siméon Chardin/ Nicholas Poussin/ Jacques Louis David/ Edouard Manet/ Jeff Wall/ Luc Delahaye/ Louis Morris/ Anthony Caro/ Tony Smith/ Donald Judd/ Robert Morris/ Carl Andre

Coffee Break  11.30 – 12 PM

12 PM -1.30 PM

Richard Serra y el debate con el minimalismo como algo ‘pictórico’
Donald Judd/ Walter de Maria/ Carl Andre versus Richard Serra/ Anthony McCall

Almuerzo 1.30 a 2.30

2.30 – 3PM​

El Arte Contemporáneo como vehículo de presencia

Dan Flavin y los Iconos Religiosos – El ‘minimalismo’ presencial
Anri Sala: El video arte y la estética de lo ‘presente’
Proyección de Intervista (1999), Long Sorrow (2005) y Three Minutes (2004)
Análisis comparado Anri Sala/ Theodore Gericault/ Edouard Manet/ Henri Cartier Bresson

Coffee Break 3.30 – 4 PM

4- 5.30  PM

El Arte Contemporáneo como ‘lo incorporado’ en la realidad

Charles Ray/ Anthony Caro/ Maurizio Cattelan
New Media/ Digital Art/ La construcción de una nueva subjetividad
Ecos Argentinos de la estética de la ‘incorporación’:
Nicola Costantino y Adrián Villar Rojas

Segundo Día  – Mañana del 24 de Abril

10- 11.30 AM

 El color como objeto, ready made y cine (?)

Clement Greenberg versus Rosalind Krauss – El debate entorno de la ‘opticalidad’ de la pintura modernista abstracta
Robert Irwin y los campos de color vs James Turrell y su desaparición
Joseph Mariani y la duración filmica en la performance de observación de la pintura vs Robert Ryman y Brice Marden
Angela de la Cruz y la pintura que se coloca entre el objeto y el film
Gerhard Richter y la pintura como luto de la muerte aparejada con la fotografía.

Coffee Break 11.30 to 12PM

12 – 13.30 PM

 Lo antiteatral en el Videoarte de Douglas Gordon

Análisis en Profundidad tras la proyección de su

‘Play Dead, Real Time’ (2003)

Comparación de su ‘Feature Film’ (1999) y

su ‘Through a Looking Glass’ (1999)

La teatralidad kitsch de Bill Viola

 13.30 -15 PM

‘Zidane’ de Douglas Gordon y Philippe Parreno

Con discusión en profundidad hasta las 17.30 horas con inclusión de casos argentinos

Fin del Curso Superintensivo ​

PARA INFORMES O INSCRIPCIÓN

VISITÁ WWW.LANP-INSTITUTE.COM 

o RESERVÁ TU LUGAR EN

[email protected]

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TRAS ESCANDALIZAR CHILE, VUELVE LA CAÑECHAT CON LEOPOLDO BRIZUELA, PREMIO ALFAGUARA 2012


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