CUANDO EL ESCRITOR LEOPOLDO BRIZUELA ME DIJO ‘TE QUIERO’

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Leopoldo Brizuela me dijo ‘te quiero’ veinticuatro horas antes de abrir las esclusas de esa primera persona para convertirla en un ‘nosotros te queremos’ y transformar nuestros casi contínuos chateos ‘London-Tolosa’. en un cuadro negro, como el que usó para poner punto final a su novel ‘Una misma Noche’ (Editorial Alfaguara) . Es que las palabras pueden hacer alquimia cuando subliman la verdad y lo literalmente abstracto de la pantalla puede transformarse en la promesa de que mañana va a ser un día mejor.  No hay que subestimar el poder alquémico de aquello en lo que ponemos nuestro amor. En el caso de Leopoldo, escribir libros y en el mio, bloguear. Pero qué es chatear entre amigos sino reconocer la virtud que constituye al otro –en tiempo real y en vivo y en directo- al punto de transformar un instrumento con el que la gente se comunica al punto de la saturación en otro en el que la fragilidad mutua es guiada por la verdad y puede transformar las horas en Oro. Supongo que esa es la clave de lo que la gente que se dedica a la cultura hace. Generar oportunidades de intercambio para que, por medio del talento y no de los bienes materiales, algo mejor surja y nos lleve al próximo nivel que es, si Dios quiere, aquel en el que nos ’embellecemos’ como personas. Es que ser mejor persona sólo tiene sentido cuando las oportunidades de decir las verdades que uno no puede evitar decir ocurren. Desde ya que la artisticidad esta en ese sutil equilibrio entre lo que se dice y cómo se lo dice. Lo cierto es que uno no puede irse a la tumba en silencio o, mejor dicho, puede hacerlo pero, en el camino, se le fue la vida. La verdad solo adquiere categoria de forma cuando es dicha. El resto es esclavitud.

No estoy, desde ya, diciendo nada nuevo ya que esto ha sido algo que ha determinado el rol del arte y de los artistas desde el principio de los tiempos. Desde aquella declaración de voluntades en forma de pintura rupestre de las Cavernas de Altamira hasta estos más recientes ensayos Renacentistas, como por ejemplo Correggio y Parmegianino, en los que el manejo de los pigmentos se usaba como método de comprensión de un mundo en perpetuo cambio.

Es que el reconocimiento de lo inherente del cambio en la vida sólo puede ser tolerado (o mejor dicho, transformado en ‘oro’) mediante el convencimiento optimista de que el resto está en la misma y que lo mejor que podemos hacer es ayudarnos mutuamente a entender lo que nos pasa. Es que todos nos vamos a morir pero, en ese momento final, algunos nos moriremos más infelices que otros. Esto que digo de manera simplificada, ha constituido el escenario de la contienda entre ciencia, industria y belleza (moral) durante los últimos, por lo menos, tres siglos. Desde Gianlorenzo Bernini hasta Javier Iturrioz uno puede reconocer el derrotero del vaciamiento del mundo del reconocimiento de la belleza (moral). Evitar articular bellamente la verdad siempre se paga con sangre.

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Hace un mes y medio, Leopoldo Brizuela me contactó por Facebook y establecimos un tipo de relación que hoy los psicólogos calificarían como ‘co-dependiente’. Durante ese lapso, charlas inteligentes se mezclaban con reclamos por no sostener de manera constante esas mismas charlas. Hablar con Brizuela es como una droga y, ustedes saben lo que eso significa para alguien con mis gustos. Desde la mañana y habiendo dormido pocas horas,  me llamaba por chat, negándose a usar la cámara ya que, según él,  ‘él no es bueno para esas cosas’. El problema con el chateo intenso e inteligente es que no sólo el tipeo de las frases lleva tiempo sino también, la explicación del contexto en el que los chistes y las ironías ocurren. Es por eso que tantos malentendidos ocurren en la fragmentaria textualidad de Facebook. A cada dos frases, ambos teníamos que detenernos explicar recíprocamente lo que el otro había querido decir dos frases antes. El proceso era realmente agotador aunque, en pocos momentos, dejó de ser ‘fuente de disfrute’.

Lo que al principio fue una charla diaria pronto se convirtió en cortar para comenzar a armar el relato de lo que se contaria al momento de retomar la charla. El costo de esto fue que mi trabajo como blogger fue empujado hacia el final de estas charlas, es decir, tarde en la madrugada y el cansancio al otro día pondría mas intensidad en las charlas del dia. Como les dije, como una droga. De más está decir que para dos hijos únicos adictos a la fantasía esto era nuestro Jerusalen Celestial.  Sin embargo y, a pesar de esto, no tardé en exigir que habilitara la cámara tanto para ahorrar tiempo como para verlo. Al principio se negó para pronto acceder. El también me quería ver.

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Y ese día llegó y la luz verde se incendió sobre la pantalla. Brizuela, visiblemente nervioso, manifestó su sorpresa por mi non challance. Fue ahí que leí su novela -tras comprarla-, le di algo mío para leer -gratis- (que nunca comentó) y acordamos hacer la Cañechat. Asimetría en el cuadro negro?  Lo cierto es que como digo en la grabación en Youtube, el final del libro me emocionó. Esta emoción se dió, desde ya, en el contexto fisiológico que charlas de cinco horas crea aunque tambien hubo algo de hijo unico gay que el protagonista de ‘Una misma noche’ (Editorial Alfaguara) con lo que me identifiqué. El ritmo y la musicalidad del libro emocionan y Brizuela se habia vuelto adictivo aunque aún no, en sentido físico. Fue en esa necesidad de transformar lo que no es en algo que es y en aquella identificación con el pasado que mi fantasia se echó a volar por un par de minutos, no más;  siempre hipotecada, por el hecho de que vivimos en países diferentes y que a pesar de las aparentes asimetrías, el parecía necesitarme más a mí que yo a él (‘conectate!’, ‘salgo a comprar cigarillos y vuelvo’, ‘me encanta hablar con vos’). Sospecho que hablar conmigo lo hacia sentir, al menos por un rato, que necesitaba menos y eso, a un narcisista como yo, no puede sino gustarle. La verdad es que estoy proyectando porque a mi también me pasaba eso con él.  Sin ir más lejos, en varias ocasiones se hizo evidente el modo en el que este talentoso y multipremiado novelista usaba las palabras como una sábana que nunca acababa por cubrirlo completamente y cuando el agua comenzaba a subir por las rejillas platenses había una pequeña crisis, habitualmente en forma de reproche que yo me encargaba de disipar, desapareciendo en algún lugar del Atlantico. Dos agujeros negros comenzaban a acercarse.

Lo cierto es que a mí un par de nuestras conversaciones sobre Nini Marshall terminaron calentándome. El se limitaba a espetar un ‘Cañete, callate!’ para seguir haciendo gala de una inteligencia que muchas veces se transforma en representación de si misma. Ese combo de  rechazo y seducción (por Google chat) conjuraba un espacio virtual muy fértil para la creación de escenarios posibles y fantasías. Algo similar pasa en su novela que en un principio se construye entropicamente para luego terminar soltando incluso la posibilida de la promesa. Lo cierto es que en poco tiempo yo iba a estar en vuelo a Buenos Aires y, quiza a Tolosa, en las afuera de La Plata, donde vive el protagonista de esta novela y eso planteaba un escenario algo menos virtual que, por su propia histeria, ya comenzaba a inquietarme. Fue ese el momento en el que el vector de mi mirada se transformó en una proyección de un futuro en el que el pasado regresaba para asegurarse de que nada cambie. Ese fue el momento en el que yo había decidido que La Plata no era mi destino. En ese momento entré en retirada y la asiduidad de chateos se redujo. Sin embargo y casi intuyendolo, fue Brizuelita quien apretó el botón al decirme ‘te quiero’, para un día más tarde transformarlo en un ‘en casa, vimos la Cañechat que le hiciste Contardo y no sabés lo que TE QUEREMOS’. Tras un mes y medio de usar la primera persona del plural para referirse a él y a mí,  ese ‘nosotros’, de pronto, me excluía. La violencia del empuje vino de la mano de esa institucion en la que todo gay participante se convierte en un traidor a su genero. Me refiero al matrimonio gay. Brizuela no solo tiene pareja sino que ademas dijo: ‘Sí, quiero’ como Alex Freyre y esas musculocas Palermitanas.

Pero no sólo eso ya que me excluía construyendo una fortaleza  esgrimiendo esa institución que hace a todo gay participante un ser traidor de su genero. Fue en ese momento en el que el presente colapsaba con el pasado para teletransportarme a aquel momento de mi vida en el que mi ex, Steve me confesó tras dos años de estar junto que estaba casado. El olor del trauma hizo que el que apretara el botón, esta vez, fuera yo. No me refiero al botón de nuestra hipotética relación sino de aquella supuesta belleza moral que me encantaba. Intuyendo que algo se acababa, Brizuela balbuceó: “Pero no te preocupes. Yo los quiero a todos’.  Mi agujero negro ya estaba a años luz de distancia pero el cuadro del final de mi libro no era negro sino que ya tenia colores.

Es que en Brizuela, hay una verdad que se tiene para ser bien administrada. El problema es que la verdad no es algo que se posee sino algo que existe para circular. La verdad como la belleza es siempre relacional. El silencio conduce a la verdad en la forma del ritmo (como en la musica y la actuacion) pero no en la forma del capital. Cuando en la Cañechat, Brizuela habla del artista como ‘antena’, de qué tipo de ‘verdad’ habla. Puede el artista ser un especulador? Fue su acercamiento a mí un paso en su ‘carrera’? Qué quizo decir entonces en nuestra charla en Youtube al decir que lo menos cool es tener una ‘carrera’? Sin ir más lejos, en mas de una oportunidad, me confesó su disgusto con sus propios alumnos quienes, en algunos casos, quieren escribir novelas como actos de autoafirmación y no como un momento en el manejo de esa necesidad de decir aquello que uno sabe que vino al mundo a decir. Es que esa verdad no siempre es fácil de decir. Es más facil llorar o decir ‘te amo’ que decir la verdad ya que de la mano de esta viene el exponerse y asi, el hacerse frágil.  Mi problema con Brizuela es que a mí me llegó a encantar la fantasia de que lo que me estaba diciendo era parte de la verdad que él tenía pare decir. Es por esto que cuando  balbuceó, en la Cañechat, no sin poca crueldad, que él no dice la verdad sino que la administra ‘estilística y estéticamente’ me dolió como amigo. La alquimia se interrumpió allí mismo y el oro se disolvió en su opuesto. Hablando mal y pronto, la leche se cortó. Lo que antes hacia que mi sangre fluyera en toda esa zona, de pronto dejó de hacerlo. Es Brizuela un portador de verdades o un administrador de oportunidades? Debo envidiar al marido o rezar por él?  J A T

ESTA ES MI CHARLA CON ÉL TRAS ESE MES Y MEDIO. LA CAÑECHAT 5

 


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