CUÁNTE VALE A PARTIR DE HOY UNA OBRA DEL DIFUNTO NICOLÁS GARCÍA URIBURU?

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Si la poetisa Marina Mariasch se pone en contacto con vos es, posiblemente, porque quiere ganar guita. Para los que no la recuerdan, ella es una de las artistas K que participaron en la performance en toalla frente a la Bagneuse de Manet en el marco de Los Bellos Jueves del MNBA. Hace unos meses, la mencionada ‘ninfa’ entro en contacto conmigo quejándose por la decisión de Mauricio Corbalán, como Jurado del Premio Konex de Site Specific, de dejarlo desierto al considerar que ninguna obra reunía las condiciones para ser seleccionada. Hoy, con el cadáver todavía tibio de Nicolás García Uriburu, se contactó conmigo para pedir una tasación para una Gioconda de el difunto artista, en su poder. Esa pregunta abre toda una serie de consideraciones del valor del arte argentino y como se suele valuar. Si la Gioconda es en tela (y no serigrafía), es original y se puede comprobar la procedencia, querida Marina, tenés unos buenos mangos.

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Hay varios modos de abordar la cuestión de la valuación del arte argentino pero, para ser realistas, tenemos que plantear dos escenarios. El primero corresponde al valor esperado osea, el valor solicitado por alguna galería o coleccionista privado y el segundo corresponde a su valor real de reventa, es decir, si lo compro a cuanto lo puedo revender. Bueno, el primer problema que la tasación de arte argentino es la proliferación de cuadros falsos de este artista o de otro. Con esto no quiero decir que haya obras de Nicolas Garcia Uriburu falsas sino que el mercado de arte argentino al haber sido usado como plaza de lavado de dinero de la corrupción política durante los últimos veinte años (Ignacio Gutierrez Zaldívar, Roldán, Benzacar, Rubbers, entre otros) está infestado de arte falso que fue vendido a los corruptos que querían esconder sus divisas malgastadas (y supongo que ‘el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón’). El resultado de esto es que hay en el mercado del arte argentino una gran cantidad de obras que van a competir con las obras de Nicolas Garcia Uriburu para conseguir comprador y esto plantea un problema que no debería existir.  Dicho de otra manera, el arte argentino, antes de empezar y en su propia plaza, enfrenta la ventaja pero también el cepo que le impone el haberse financiado con dinero de corrupción y en negro. Sin ir más lejos, mi ex compañero de facultad, Alberto Perez (segundo de Scioli durante la gobernación) salió (según un par de galeristas) con desesperación a comprar arte durante los dos últimos años. Es muy probable que lo que se le vendio sea falso. Sin embargo, es obvio que Alberto Perez no esta interesado en el arte sino en la posibilidad de la sobrevaluacion que el arte brinda y el correspondiente lavado.

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Como es bien sabido, el mercado de arte argentino está desregulado y se maneja en negro lo que significa que un galerista que sabe que el dinero del comprador (narcotraficante o político corrupto) es malhabido, decida quedarse con ese dinero ya que el mafioso en cuestión no tiene como saber que es falso y cuando lo sepa ya estará preso o no tendrá el poder suficiente como para quejarse. El problema de esto es que el mafioso cree que los cuadros valen lo que valen y esto levanta las expectativas de precio del mercado en su totalidad y genera una burbuja irreal.

Luego esta el tema de la proyección a futuro y siempre supuesta de un artista en el mercado internacional que, sin excepción, es donde se puede medir el verdadero valor de mercado de un artista argentino. Dicho de otro modo, si un artista argentino no venido en Christie’s o en Sotheby’s y esta en el mercado primario (circuito de galerías) no tiene valor de mercado y lo que se pide es ficción que uno puede estar dispuesto o no a pagar. Sin embargo, Nicolas Garcia Uriburu es uno de los pocos casos que vendieron algunas obras en la subasta latinoamericana de Christie’s alcanzando las seis cifras en sus obras Pop de la década del sesenta y no llegando ni siquiera a los 10.000 dolares en sus ombúes. Esto significa que el valor de sus obras es mas bien histórico y el mercado reconoce la calidad de su producción hasta la Coloracion del Canal de Venecia cuando copia a Beuys y su carrera va en decadencia.

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Paradójicamente, la época que mas parece gustarle a los argentinos es la última (la peor) en donde comienza a pintar con los colores del ocaso Pampeano como si la perspectiva atmosférica de Claude Lorraine se simplificara en las cartografías y paisajes argentino y se transformara en pigmento.

Dicho de otro modo, si tenés obra de la primera época no la sueltes. Si tenés obra de la última época, trata de encontrar algún desprevenido que se crea que ese tipo de obra vale lo que valen las verdaderamente valuadas (es decir, las internacionalmente valuadas). J A T

 

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