DE CUANDO LA MIMESIS SUPERA LA CUESTIÓN DE LA IMITACIÓN

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ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR MARIO ALEJANDRO MOLANO VEGA, DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA Y SUGERIDO POR FERNANDO QUIRÓS PARA REPENSAR EL CONCEPTO DE ‘MIMESIS’ EN EL ARTE

Desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII, por lo menos, la mimesis ha pasado generalmente por imitación y las artes han sido tradicionalmente concebidas como “espejos” de una realidad que se supone fija y susceptible de ser transparentemente representada por la imitación del artista, para beneficio de las mentes confusas y gozo de las iluminadas. Frente a estas versiones del concepto de mimesis, Walter Benjamin y Theodor W. Adorno representan el más importante esfuerzo moderno por replantear dicho concepto más allá del privilegio de lo racional sobre lo sensible, de lo cognitivo sobre lo impulsivo y de las ingenuidades representacionales que implica el modelo de la imitación.

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Desde la perspectiva de las relaciones entre sujeto y objeto, Benjamin y Adorno están preocupados por romper con la tradición filosófica idealista en la cual sujeto, razón o espíritu son las instancias determinantes de la objetualidad. En este contexto, Benjamin y Adorno, aún dentro del paradigma filosófico de las relaciones sujeto-objeto, están apuntando más allá de ese paradigma, en el cual tradicionalmente las tensiones se han resuelto a favor del sujeto. El concepto de mimesis viene a ser la piedra angular para descentrar al sujeto. Benjamin considera, por ejemplo, que en el ser humano la mimesis es una facultad de producir o establecer relaciones de semejanza y agrega: “probablemente ninguna de las más altas funciones humanas está exenta del factor determinante jugado por la facultad mimética”. 

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El papel determinante que aquí se le atribuye a la facultad mimética está relacionado con el problema mismo del tipo de relación que mediante la mimesis establecen sujeto y objeto. Esa forma de relación puede observarse vivamente en las dos situaciones límite del juego y del sufrimiento.  En estas situaciones lo exterior es revivido como algo interior, en correspondencia con la definición adorniana de la mimesis, según la cual el comportamiento mimético no imita algo sino que se asimila a algo diferente. 

El impulso mimético no debe ser entendido como una búsqueda de semejanzas físicas o formales. El más interesante aspecto de la mimesis benjaminiana y adorniana radica en que ésta se describe como una “facultad de proponer y hallar semejanzas que superan las analogías formales”. 

Benjamin las llama analogías no-sensoriales, esto es, analogías que no intentan captar simplemente semejanzas físicas. Él describe cómo al correr tras una mariposa para atraparla, el infante debe mimetizarse con ella, lo cual no significa necesariamente hacerse parecido exteriormente a dicho insecto. Esta mimesis intenta captar, en cambio, la forma de existencia y de percepción propia del objeto imitado; en este caso por ejemplo, el intento de sentir el viento como el frágil insecto podría llegar a sentirlo. De hecho el placer del infante en este tipo de juegos radica en que en ellos la naturaleza exterior aparece sin la sobrecarga de preconcepciones conceptuales o prácticas y se reconoce como una fuerza liberada. 

Así los objetos exteriores pierden la familiaridad del uso, la costumbre o el saber y se transforman ante la mirada mimética en “lo otro” de la comprensión humana. Cuando Benjamin y Adorno hablan de experiencias miméticas negativas, referidas especialmente al sufrimiento, encuentran en ello un potencial enorme de transformación. El intento de sentir en sí mismo la experiencia de la marginalidad, el dolor o la violencia que otros han atravesado, significa trasgredir las formas de comprensión mediante las cuales normalmente intentamos reconciliar este tipo de experiencias traumáticas. El conocimiento histórico y la estadística cumplen este tipo de funciones tranquilizadoras y estabilizadoras contra las cuales la percepción mimética del sufrimiento se revela. Nos acercamos con ello al núcleo del concepto de mimesis compartido en buena medida por Benjamin y Adorno; dicho concepto se refiere a una forma de percepción y de experiencia en la cual el sujeto recrea internamente las experiencias sociohistóricas que han dado forma al objeto exterior, sin reducir dichas experiencias a ningún criterio previo de comprensión e identificación.   

Tanto Benjamin como Adorno han intentado poner en perspectiva histórica este impulso mimético de experimentar vivamente en el interior del sujeto lo que es exterior a él. De dicha perspectiva histórica estos dos filósofos han concluido que son las artes uno de los campos en los cuales el impulso mimético ha encontrado un refugio importante frente al continuo proceso de individuación y secularización de la vida humana. El aspecto clave que quiero resaltar aquí radica en que el impulso de mimesis y la capacidad de establecer semejanzas no formales, está direccionado hacia formas de comunicación y de lenguaje que no obedecen a la estructura lógica y sintáctica del lenguaje común. De hecho este lenguaje y esta comunicación especial sería la clave para comprender al arte, incluida por supuesto la literatura. El lenguaje artístico y la forma de comunicación que le es propia, no puede comprenderse en términos de la transmisión de mensajes codificados en un sistema cuyos valores y normas están prefijados. Antes bien, lo que caracteriza al arte y a la literatura es la configuración de unidades formales, de estructuras, en las cuales pretenden mostrarse experiencias miméticas.

Replanteando el concepto de mimesis: la experiencia estética y sus potencialidades.

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