EDUARDO COSTANTINI PAGA 16 MILLONES POR UN DIEGO RIVERA AUNQUE, EN REALIDAD, LO HACE PARA QUE EN NYC SEPAN QUIEN ES

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Eduardo Constantini no tiene, stricto sensu, la colección más importante de América Latina y esto se hace evidente para todo espectador informado de su colección en el MALBA. Es quizá por esta razón que decidiera desembolsar US$ 15.7 millones en “Baile en Tehuantepec” de Diego de Rivera, un óleo sobre tela -soporte infrecuente en la obra del mexicano- que mide 2,07 por 1,63 metros. Si bien Costantini venia, supuestamente, siguiendo esta obra desde hace veinte años, cuando apareciera en el mercado al mismo tiempo que el Autorretrato con loro y chango de Frida Kahlo que hoy se exhibe en Malba y que, junto a Abaporu, de Tarsila do Amaral, y el Retrato de Ramón Gómez de la Serna, de Rivera, forman parte de lo más destacado de la colección de arte moderno latinoamericano del museo; lo cierto es que, desde la perspeciva de su propia coleccion, la decision de desembolsar tanto dinero por esta obra es de difícil justificación  Digo esto porque con ese dinero, Costantini habria podrido completar su coleccion en direcciones muchos mas interesantes, por ejemplo, en la de los serios baches que tiene en material de arte argentino, brasileño y uruguayo.

Las razones para invertir tanto en Diego Rivera tendría que ver con la necesidad de Costantini de ser reconocido como coleccionista en donde no lo es, es decir, en los Estados Unidos. Es alli, por razones de proximidad geografica y politica, en donde el comunismo de Rivera, Kahlo y Siqueiros es visto con la proximidad del exoticismo necesario para construir identidad ‘gringa’ y marcar la diferencia. Sin ir mas lejos, el alto coleccionismo de Rivera está entre los banqueros de NYC y el desembolso de casi 16 millones es el modo de Costantini de conseguir una carta de presentación en un mercado ‘inmobiliario’ en el que es un jugador menor, casi siempre, ignorado.

El hecho de que haya anunciado la adquisición del Rivera los cuatro vientos tiene que ver con su decisión de traerla al pais y, mas concretamente, sumarla a la coleccion del MALBA (lo que es muy bueno y no fue el caso durante los primeros diez años de existencia del Museo). Esto ocurre tras anunciar que la misma comenzará una innecesaria gira promocional por el Museo de Arte de Filadelfia y luego por Arco. Si algo queda claro es que este tipo de invesiones son oportunidades encontradas por Costantini para promocionar su ‘marca’ en nuevos mercados: Estados Unidos y España. Nada en el coleccionismo de Costantini es discreto y todo tiende a trasformarse en marketing de si mismo como ’empresario’. La adquisición de las piezas de su colección debe ser entendida no tanto como una inversión directa sino como una carta de presentación a nuevos grupos sociales a los que, hasta ahora, no accede.

Pero esto nos lleva a una tercer cuestión que es la de la responsabilidad de nuestro coleccionista estrella en la formación de precios internacionales de artistas argentinos. No hubiera sido mejor que ese tipo de precio sea pagado por un artista argentino como Berni o Xul Solar en una subasta internacional al punto de arrastrar los precios del arte sudamericano? Dada la oportunidad y la visibilidad, no seria mejor construri un canon de arte argentino para competir con el arte mexicano en la plaza de subastas neoyorquinas? Y si ese no es su objetivo, no hubiera sido más conveniente usar esos fondos para competar su muy pobre coleccion de arte latinoamericano en donde el arte uruguayo, brasieño y argentino está alarmantemente subrepresentado? Sin ir más lejos, el desequilibrio de expresiones artisticas como la Tropicalia brasileña o el Planismo uruguayo en la coleccion del Museo de Arte Latinoamericano demandarian de Costantini una actitud menos exhibicionista y mas responsable, al momento de armar su coleccion. J A T

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