EL PLACER ARGENTINO DE MENTIRSE AL PUNTO DE CREER QUE ADMINISTRAR LA CULPA Y LA EXTORSIÓN ES HACER EL BIEN

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Ayer fui a cenar con un amigo y hablamos de los argentinos y sus ficciones o mejor dicho de cómo, muchas veces, las cosas no suelen ser lo que parecen ser al punto de transformar la realidad en una mentira que el argentino se termina creyendo y, lo que es peor, actuando en consecuencia. Mi amigo, arquitecto, me contaba del modo en el que se esta urbanizando Mar de las Pampas, una zona en la que gente aspiracional del tipo que le gusta creerse su mentira construye casas en foma de cubos a lo Mies en la playa pero con pisos de cemento y focos dados vuelta para simular luz ambiental. Peter Zumthor pero en cuotas, teóricamente, sin interés. El estilo de estas construcciones puede ser llamado Olsen Palermitano en donde todo simula ser escandinavo pero sin la madera, el trabajo artesanal de los materiales nobles y, desde ya, siempre pasa algúna rata por el jardín que el propietario se niega a reconocer como tal. Ahora bien, si nuestra realidad incluye ratas por qué negarlas. Por qué no combatirlas?

La negación parece ser una condición del ser argentino. En sus orígenes, el Rio de la Plata era un lugar de contrabando y no un centro de esplendor cultural. Nuestro puerto era una puerta de atrás por la que la que entraba aquello que no se quería oficializar en Lima. Buenos Aires era un lugar de invisibilidad. Sin ir mas lejos, el paisaje pampeano parece una foto de Sugimoto. Es la carencia de paisaje al punto de la abstracción. Tal vez por eso, en el Museo Nacional de Bellas Artes la pintura de paisaje no es siquiera considerada como lo suficientemente relevante para ser incluida en la colección cuando en realidad lo único verdaderamente importante en este país es el paisaje. En su lugar, miramos a Europa por medio de ventanas (en la Escuela de La Boca) o imitamos los estilos Europeos posando como si fueramos, al menos por lo que dura el sueño, ‘de vanguardia’.

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Esto plantea un grave problema porque pareciera ser que en nuestro ADN esta la necesidad de reproducir gente que o bien genera ficciones de si mismas (‘yo soy de clase media y tengo edificio con pileta porque los pobres me financian la energia’, ‘Milo Lockett es arte y solidaridad’, ‘viajar a Miami en 12 cuotas y en una Aerolineas Argentinas subsidiada … por los pobres’, por ejemplo) o bien se automonumentalizan erigiéndose como los buenos del mundo. Esto es lo que yo llamo ‘el buenismo argentino’ como diferenciado de la bondad o hacer el bien. El ‘buenista’ cuando no es dejado hacer lo que el o ella entienden como ‘el bien’ se transforma en la encarnacion del mal. Son ellos los principales agentes de la culpa y los traficantes de extorsion. Por lo general, son sujetos desclasados (para si mismos) que, sin embargo, viven de alguna propiedad heredada, alguna pension o los derechos intelectuales de los padres. Hay muchos en Palermo y sus adyacencias y desde ese lugar de resentimiento cultural y social juzgan el ‘mal’ como si ellos pudieran distinguir el bien del mal atraves de su narcisismo ‘bienista’. El país de la culpa y la extorsion es el país que niega su paisaje para mirar a un pasado que, según dicen, lo hace especial. La realidad es que las ratas siguen pasando por el jardín. J A T

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