ESTA SEMANA ME ENCONTRÉ CON EL HIJO DE ERNESTINA DE NOBLE FESTEJANDO EL CUMPLE A UN PELUQUERO Y FERNANDO ENTÍN EN EL 168

unnamed-2

Ayer me encontré en el 168 con Fernando Entín en una seguidillas de días en las que algún lector sorprendido me grita ‘Cañete, te rebanco’ desde su coche a la una de la mañana en Zona Norte o en la que, por ejemplo, mientras mi amigo Daniel iba al baño después de comer en una parrilla en Martinez, un grupo de comensales comenzaron a decir ‘Rodrigo, Rodrigo…’ solo para revelarse como el hijo de Ernestina Herrera de Nobles y su dominatrix mujer, hoy convertida en la potencial Madame de Stael del devaluado circuito social argentino, festejandole el cumpleaños a un peluquero y su chico con camisa Kevinston (se escribe así?).  El efecto del reconocimiento en público es raro porque nunca se que hacer ni ellos. Todo casi siempre termina en la selfie de ocasión conmigo partiendo. Ayer una amiga me dijo que tengo que ensayar el saludo y es algo que posiblemente haré.

unnamed-3

Volviendo a Entín, es como un muffin de banana y nuez. Estaba entre ‘amused’ y enojado  al punto de balbucear algo sexual que yo tome como razón suficiente para bajarme en la siguiente parada. Es en esa suspension entre la fascinación (porque salgo de la pantalla) y el reconocimiento de la oportunidad de revancha que estos encuentros me divierten. Sin embargo no pude evitar pensar qué hace un galerista de arte en un colectivo?

unnamed

Digo esto porque las galerias de arte son parte de la industria del lujo y en tanto tal, estan encargadas de generar la ficcion de que ‘algo’ está ocurriendo al punto de generar las condiciones para que el precio de la obra que compro y en algun momento vendere se cotice. Sin embargo, ver al galerista en el 168 es muy popular pero rompe el hechizo. Estoy equivocado? J A T

loveartnotpeople