LA VANDALIZACIÓN DE MILO LOCKETT ES UN ACTO DE SOBERBIA PERO TAMBIÉN DE COBARDÍA AL DENOMINARLA ‘INTERVENCIÓN Y NO ‘MURAL’

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Hay un detalle de la presentación institucional de la vandalización de Milo Lockett de la obra de Pablo Motta, un colega cuya obra era mejor. Como en todo acto de soberbia, a contraparte es el miedo y el mismo se nota en no animarse a llamar a la obra ‘mural’ o ‘obra’ sino ‘intervención’. La cobardía de poner la firma sobre algo que no lo amerita es una alegoría del estado de las cosas en este país donde las cosas se han dejado de llamar por su nombre. Si hay un ámbito en el que la honestidad intelectual tiene que regir es el cultural y esta intervención, tapo un mural anterior sin notificar al artista y sin jurado o concurso que justifique una decisión cuyo único fundamento es el del más abyecto marketinismo.

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