‘LA VERDAD ES QUE LA MASACRE DE ESTADOS UNIDOS ESTUVO BIEN PORQUE ERAN TODOS PUTOS’ ACABA DE DECIR EL COLECTIVERO DEL 60

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Harto de los taxis porteños y, como dije en otros posts, trato, durante lo que me dura el intento, de no tomarlos cuando estoy en Buenos Aires. Hospedado, esta vez, por una amiga que se encuentra trabajando en el exterior me tomé el 60 en dirección de Belgrano y tras pasar la primera barrera racial que, injustamente, me colocó en el lugar del ‘blanco dominante’, el morocho chofer le dijo a su amigo de turno, algunos instantes más tarde y sin, noblesse oblige, tener nada que ver conmigo: ‘La verdad es que lo de la masacre de Estados Unidos estuvo bien… Eran todos putos’. La cruel realidad de que el voto de semejante imbecil vale lo mismo que el mio y, posiblemente, durante la ultima decada, un poco mas fue quizá la bienvenida que me dio la ciudad donde nací y de la que partí para probar una vida mas allá de ese loop de violencia perpetua. Desde ya, semejante imbécil no sabe lo que dice pero lo cierto es que lo dice y el poder  de la palabra no debe ser menospreciado nunca. Este blog es la viva prueba de algo que comenzó a pura palabra en una cama y acá estamos, todavía respirando y con más lectores que nunca. Esas palabras de odio forman un paisaje nublado que se suma a la culpa que uno siente generalmente por no haberle dado nietos a mama y al miedo que uno tiene a la propia soledad al no andar inseminando a diestra y siniestra. Desde ya, el leer y escuchar que alguien mato a otro como yo por ser como yo, tiene efectos de una violencia inclasificable y funciona dentro de la psique de modos muchas veces no tan obvios. Es muy fácil decir ‘Que horror!’. La procesión, sin embargo, va por dentro.

A pesar de los problemas que a mi argumento plantea en este último párrafo, soy de los que creen que Dios no se equivoca y que todo pasa por algo. Ayer, la huelga de pilotos de Air France me permitió ir a ver la muestra de El Bosco, tal vez, la mejor muestra que ví en los ultimos diez años de mi vida. En ella, El Bosco explora la ilusoria diferencia entre entre el bien y el mal es para los hombres. El problema parece no ser el decidir sino sino tener la percepción de la  información suficiente y necesaria de aquello sobre lo que se va a tomar una decisión. El problema es que, como dice el Bosco, cada momento es una decisión. Ayer en el avión vi la última de James Bond y C (el personaje de Ralph Fiennes) dice: ‘tener licencia para matar es también tener licencia para no hacerlo’. Es que cada momento en la vida es una elección. Como dice mi patrino en mi grupo de recuperación: ‘You always have a choice. You always do’. Tanto Bond, el Bosco como mi padrino tienen mucha razón. La dificultad radica en la elección. Uno parece no equivocarse si hace (y dice) lo correcto. La elección en el bien es un arma que uno tiene que disparar varias veces al día y muchas veces uno no sabe si el arma esta cargada siquiera.

El cambio de vuelos precipitó, por supuesto, mi llegada al menos diez horas, al punto de aterrizar a las cuatro de la madrugada. Esto me obligó a esperar tres horas en la fábrica del padre de mi amiga hasta que un amigo de ella me alcanzara las llaves. Con mis valijas, toqué la puerta de una suerte de ciudadela fabril en medio de una ciudad que, a esa hora, estaba tambien desierta. Desde dentro, un tal ‘Islas’ (irónico verdad, viniendo de la Gran Bretaña) dijo: ‘Quién es?’. Segundos después Islas decia: ‘Bienvenido’.

Islas tiene algo menos de ochenta y hace las veces de recepcionista/guardia/sereno de esa ciudadela que oficiaba las veces de marco de esa mano que me iba a dar las llaves. Mi presencia, en principio, lo confudió pero no lo demasiado para ser descortez. Mas bien todo lo contrario. Yo tenia sueño pero la vida me está enseñando a combatir mis pulsiones iniciales para poder descubrir lo que está debajo. Es que todo ocurre por una razón, verdad? En otro momento hubiera tratado a Islas como una cifra, un obstáculo o un punto de embarque para otro destino en el camino de mi propia autoproclamada (y nunca realizada) Gloria. En este caso, respiré hondo y me permití ver la belleza de los rasgos faciales de alguien cuya estructura moral es poco complicada y, lo que podría llamarse, buena. Es decir, lo opuesto a mí. Cuando le dije mi apellido lo vī mover los ojos un poco más de lo habitual tras lo cual no tardó en contarme (al extranjero que vengo a ser yo con valijas en la puerta) que había un boxeador que él vivaba de chico. Le dije que ese era mi papa. Cuando le conté esto, me abrazó, me beso, llorisqueó un poco, no necesariamente en ese orden y compartió conmigo diez de sus poemas a sus nietos. Todos ellos con instrucciones de como tomar buenas decisiones en al vida. Esa fue mi bienvenida a la Argentina. Una de cal y otra de arena como diria El Bosco aunque, en realidad, lo dijo tanto el como Islas, mucho mejor que yo. J A T

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