LANP ES UN FENÓMENO QUE YO YA NO CONTROLO PERO QUE AÚN ESE OTRO DENTRO MÍO INTENTA SABOTEAR

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Este blog comenzó conmigo, drogado, en una cama del hotel W en Times Square en los entretiempos de una serie de maratones sexuales que enmarcaban una lenta caída a una dimensión en la que el espíritu no funciona en tiempo presente. La drogadicción, en tanto enfermedad, no radica en la droga, en tantos sustancia, sino en una forma innata de entender la vida en donde, como dicen en estas islas, ‘el jardín del vecino es siempre mas verde’. Es ese pesimismo existencial el que hace que el adicto sea una persona que oscila entre querer controlar todo lo que lo rodea a, en desesperación, darse por vencido y abandonar la esperanza. Es, quizá, por esto que salir de la droga es solo posible si se cuenta con la ayuda de otros que han escuchado y escuchan una voces que comienzan despacio pero pronto aturden y que nunca jamás se apagan del todo.

Desde mi rehabilitación, las cosas fueron como me prometieron que irían si me mantenía ‘limpio’. Es que cuando deja de drogarse, la vida se impone con la belleza gravitatoria de aquello que ocurre por la lógica inherente a las cosas. Lo maravilloso del proyecto de LANP es que logró hacer carne (o ‘texto’, para ser mas exacto) esa necesidad de ocurrir. Creo que la maravilla de este blog es que se impone con la monstruosa actualidad de aquello que por ser verdadero, es también real. Desde este punto de vista, algo esta ocurriendo con mis cursos que, para mí, tiene una relevancia en materia de producción del conocimiento entorno de esa actividad humana (no académica ni institucional) llamada ‘arte’.

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Aquel que se suma a mis cursos, lo hace porque lo que ve y escucha, le brinda algún tipo de sentido a la visión que ya tenia de las cosas. Es que el que se suma a mis clases no es alguien que viene en blanco a recibir información que lo formara sino que llega con un bagaje de experiencias y sentidos que esta época, en la canonización de su banalidad, parece descartar como innecesaria y hasta improcedente.  Sin embargo, lo que transforma a mi proyecto en algo aún más interesante es que los mencionados encuentros de producción de sentido ocurren en un espacio en el que las preguntas que me hago en mi vida personal (en tanto ser humano) coinciden con aquellas que me hago profesionalmente, como critico de arte. Mi vida personal y mi proyecto personal se arremolinan alrededor de una concepcion del arte entendido como modo de generar presencia o, mejor dicho, de permitir tomar conciencia de la necesidad de estar presente para que la vida pueda, por fín, ser vivida. Digo esto porque fuimos criados bajo la creencia o mejor dicho, el dogma de Fe, de que la vida no es mas que un vector (una flecha?) orientado hacia un punto ubicado en algún lugar en el futuro al que uno tiene que llegar del modo que sea. No llegar es fracasar y esto, misteriosamente, es hecho equivaler a no vivir adecuadamente.  Esto, desde ya, es un error ya que, en mi vida, fueron aquellos momentos en los que levanté mis hombros en gesto de resignación cuando la presión dio paso a la libertad. Solo hay que dejar que la vida fluya y, como por arte de magia (o de Dios), la vida termina calzando como un guante. Desde ya, no me estoy refiriendo al famoso y bastardeado ‘Dios proveerá’ sino a la necesidad de corrernos del centro de la escena. Dicho de otro modo, nuestra importancia radica en la conciencia de nuestra propia irrelevancia. Nuestra fortaleza radica en nuestra humildad y es por eso que las Pascuas y la Pasión de Jesucristo, tienen algo que enseñarnos.

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La clave de la tolerancia a la vida parece estar en el ser capaces de salirnos de nosotros mismos para poder estar presentes en el momento en el que nos pasa lo que nos pasa, lo que sea que sea. Podria decirse que esa palabra tan bastardeada y de mala prensa como la ‘felicidad’ radica en el poder disfrutar de aquello que nos hace bien en tiempo real, es decir, mientras ocurre. La infancia de nuestros hijos, la vejez de nuestros padres o la alegría de nuestros amigos cuando pasa, ni antes ni despues sino mientras ocurre. Es que la mirada melancólica que solo puede ocurrir en retrospectiva, nunca es buena. Lo bueno es el aqui y ahora y es allí donde la fragilidad se transforma en fortaleza ya que el espíritu en lugar de correr a algún lugar seguro para evitar sentir decide atravesar la incertidumbre y, finalmente, sentir.

Sin embargo, el disfrute del aqui y ahora no existe sino hay verdad y es ahí en donde el arte tiene un rol fundamental. El rol del arte no es otro que  el decir la verdad o, por lo menos, ‘nuestra’ verdad que aunque equivocada por la fuerza de su propia conviccion acaba siendo verdadera. Desde un principio, la tarea del blog en tanto plataforma de critica cultural era complicada ya que tenia que denunciar la mentira para de los contextos que se negaban a enunciar verdades. El problema del arte contemporáneo parece radicar en pensar que la verdad esta ‘pasada de moda’.  En mi caso en particular, el armado del LANP Institute y el blog, como proyectos profesionales, me empujan permanentemente a perfeccionar y decir mi verdad (a la que, desde ya, presento, como ‘el sentido del arte’). Pero el problema de ganarse la vida denunciando las mentiras del arte y hablando de sus verdades es la tentación de intentar controlar esa verdad.Es ahí cuando el Ego aparece e intenta volver al centro del escenario controlando no solo lo que se dice sino al que escucha.  Nunca me olvidare cuando mi amigo Jorge (a quien encontrare en Rio en unos días) me dijo: Y vos quien te crees que sos, Cañete? O mientras estaba en Roma, Vera Fogwill me vio distante y ensimismado en mi propio ‘trabajo’ y dijo: ‘no te estarás contagiando de los bustos de esos emperadores Romanos del Museo Capitolino’. Desde ya, este es el peligro que  un proyecto agresivamente anti-institucional como LANP conlleva ya que si bien es censurado, copiado e ignorado por los medios de comunicacion tradicionales, acaba por establecer a la historia por interlocutora. La linea entre hablar solo como los locos y levantar la voz mirando al horizonte dirigiéndose a la Historia es muy delgada y, muchas veces, indistinguible.

Dicho de otro modo, si bien en un principio la violencia del blog había reemplazado a mis drogas (aún en épocas de recuperación), poco a poco se fue transformando en una estrategia perfeccionada en la que el ritmo de los temas pasibles de crítica cultural eran manipulado de manera, yo diría, plástica. Personalmente, creo que el blog atrae tanto por los ritmos como por las violencias de sus movimientos de aceleración y detenimiento. Si el blog tiene una dinámica esa dinámica es análoga a la que ocurre cuando se hace el amor. Sino recuerden cuando decidí frenar al blog para llamar la atención sobre la banalidad del mal hecha carne en la censura que una tonta hija acomodada de una azafata devenida en Embajadora en Londres ejercía sobre un prestigioso medio de crítica cultural como la Revista Anfibia (en el que el arte supone cuidarse). Generalmente, esas alternancias de velocidad y desaceleramiento ocurren en medio de la catarata de posts rápidos sobre temas faranduleros o políticos cuando de pronto aparece una Cañechat en las que se habla de temas cercanos pero lejanos durante dos solidas horas. La flexibilidad del tiempo en tanto estrategias de aceleración y desaceleración es lo que hace de este blog un fenómeno cultural y este posmodernismo que atrajo a Leopoldo Brizuela, como escritor, porque LANP hizo lo que, en definitiva, Brizuela en sus libros no había podido hacer por las limitaciones propias de su medio ya que uno deja de leer un libro cuando se queda dormido. El blog, como medio, es hipnótico y adictivo y esto, a esta altura, lo transforma en un vehículo de cultura algo mas acorde a los tiempos que se viven. Quizá sea por esto que me cuesta sentarme a terminar mi libro ya que, en el fondo de mi ser, siento que en el ritmo de estas comunicaciones radica el núcleo de mi labor.

El problema del ritmo es que a uno se le puede volver en contra sobre todo cuando el goce va en ascenso. Sin ir más lejos, antes de ayer mientras bloggeaba, y tras dos horas de curso online de Escultura Románica (en el marco de las actividades del LANP Institute), bajé uno de esas ‘applications’ gays (Grindr) que en mi caso son el portal hacia otra dimensión en la que el espíritu se empantana y la visión se enceguese. Como si hubiera entrado en piloto automático me observé, sin demasiada capacidad de reacción, a mí mismo buscar, cada vez más impacientemente, los nicks de la gente con la que antaño me drogaba quienes, y esto no debe sorprender, aún se encuentran vagando como almas errantes en esa estética de cuadro abstracto que tiene todo chatroom. Creo que el purgatorio hoy debería tener forma de chatroom. Todos parecen esperar impacientemente algo que nunca, jamás llegará… Mientras hablaba de la corrección de las formas y el estilo de la Primera Dama, en el blog, ese otro yo, se desdoblaba para publicitar de manera obscena sus potenciales capacidades sexuales que vendrían de la mano de la provisión de esa droga en particular que a ese Rodrigo tanto le gusta.

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Aquel que crea que yo vivo mi vida pensando en drogas o extrañándolas no entiende lo que pasa por la cabeza de un adicto. A mi la droga y el alcohol me asquea fisicamente. Sin embargo, si mi espíritu no esta en estado presente y en contacto conmigo mismo o el prójimo, existe un uno por ciento de probabilidades que ese monstruo dentro mío emerja a la superficie con la decisión que muchas veces mi otro yo no logra tener y se asegure de sabotear lo bueno de mi vida. El hecho de que hoy no esté drogado (o, posiblemente, muerto) se debe a que fracasé en el intento por la avanzada hora de la noche y el cansancio provocado por el día de trabajo. Hoy me bastaron dos llamados telefónicos con amigos que me conocen porque pasan por lo mismo para volver a mi órbita. Es que el peor enemigo de LANP no es Wally ni Iturrioz sino el saboteador dentro mío que teme no saber manejar el amor que viene en su dirección por alumbrar un lugar al que poca gente se animo a entrar en los últimos tiempos de la Argentina. Desde ya me refiero al poder espiritual del arte como modo de hacernos presentes.

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Hasta ahora vine pensando que salir de las drogas es pasar de la oscuridad a la luz. Sin embargo, cada vez me queda mas claro que la oscuridad y la luz conviven en mí y lo único que mantiene a la luz encendida es el convencimiento de que lo que uno que tiene sentido somos vos y yo, aquí y ahora.  Es que el arte y las drogas son dos extremos de un mismo eje en el que nos preguntamos qué hacer con esto que hoy está y mañana, posiblemente, no. La vida es esto que está pasando y no los que nos va a pasar o ya pasó. El arte, como el amor, son actividades humanas que se ocupan de recordarnos que la clave para no morir antes de tiempo es estar presentes. J A T Y FELICES PASCUAS

 


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