MARTIN LOUSTEAU NO TIENE SENIORITY PARA REPRESENTARNOS EN WASHINGTON

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ESTE TEXTO NO FUE ESCRITO POR MÍ SINO POR ARMANDO TORRES (PARA EL CRONISTA)

La designación de Martín Lousteau como embajador en los Estados Unidos es un desafío para este economista de aspecto más joven que su edad biológica. Pero el desafío es aún mayor para el presidente Mauricio Macri y la canciller, Susana Malcorra, que fueron quienes definieron esta jugada.

Lousteau ya afrontó en la escena pública misiones de alta exigencia. Fue presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y, más tarde, nada menos que ministro de Economía de la Nación. Ya fuera del gobierno hizo una muy buena tentativa política en pos de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que casi deja sin aliento a Horacio Rodríguez Larreta, pero sobre todo a Macri. Y más recientemente acompañó a Cambiemos, invitando a votar por Macri en la presidencial. ¿Alcanza esto para ser designado embajador en los Estados Unidos?

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Es cierto que Lousteau se está formando como un economista muy buen político, pero la representación en Estados Unidos el país N´ 1 del mundo, si no hay mejor opinión– requiere de un seniority importante del cual Lousteau, por el momento, carece. Es un tema de maduración política. Y el caso adquiere mucha mayor transcendencia porque Argentina viene de una situación de virtual vacancia en la embajada argentina en Washington. La designación de la embajadora ahora saliente, la economista Cecilia Nahon, una dama de La Cámpora, a fines de 2012, fue un claro mensaje de desinterés del gobierno de Cristina Kirchner hacia Estados Unidos.

Aún absorto el mundo diplomático por el gesto del canciller Timerman de haber abierto en persona una valija diplomática del gobierno estadounidense, el hecho de enviar como representante a la casa de Dupont Circle a una desconocida, profundizó más el malestar entre los dos países. Lo más trascendente que se conoció en Argentina sobre la gestión de Nahón en Estados Unidos fue el abucheo que le dispensaron padres de alumnos de una escuela de la colonia argentina cuando la embajadora pretendió, con sus palabras, transformar un acto patrio en una sobada kirchnerista.

Las aptitudes de Lousteau, sus conocimientos y su disposición para la gestión, están fuera de duda, pero el seniority es un intangible muy particular, que involucra más requisitos: sólo el tiempo y la trayectoria son capaces de conferirlo. Un embajador con seniority casi no tiene que ser presentado; su sólo nombre e historia sirven para abrir puertas, para ser reconocido. En este caso, es muy probable y deseable que Martín Lousteau invierta la ecuación: que en lugar de llegar con el seniority requerido, la calidad de su servicio, de su gestión le agreguen a su trayectoria ese valor que pocos funcionarios logran adquirir.

La tarea de reconstrucción de relaciones que le espera a Lousteau es muy ardua; después de años de haber sido castigada, la relación con Estados Unidos debe ser reconstruida, aunque situándola lejos de las ‘relaciones carnales’ que algún día la caracterizaron. Malcorra, en sus medidas declaraciones de prensa, definió el objetivo a la perfección y es probable que así se lo haya dicho a Lousteau: “Argentina debe tener una relación madura con Estados Unidos, la primera potencia del mundo”.

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