MILO LOCKETT VANDALIZA, EN NOMBRE DEL ESTADO BONAERENSE, UN MURAL DE MEJOR CALIDAD QUE EL SUYO

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El mural vandalizado por Milo Lockett

Hablar de Milo Lockett me agota porque sólo hay unas cuantas palabras para llamar mierda a la mierda. Después de un rato se vuelve el ejercicio crítico de tamaña mierda un tanto reiterativo. Milo Lockett es, como artista, una mierda reconocida porque transformó a la actividad en una suerte de tráfico de influencias, contratos y más contratos sin ningún respeto por la dignidad de una profesión que en la Edad Media, creaba espejos de la divinidad y desde el Renacimiento ha venido haciendo inmortales a nuestros seres queridos. Buenos, eso hasta que la pintura dejo de ser una puerta de acceso y paso a ser la tapa del inodoro.

Milo Lockett ha cometido todo tipo de vandalismos. La mayoria metáforicos y no realmente perpetrados por él sino por quienes creyeron que su ‘arte’ les traerÍa algún rédito adicional, generalmente, vinculados con el valor iconico del Chaqueño como referente popular del ‘arte’ y la ‘solidaridad’. En una sociedad con profundo temor a abrir debates, el tipo de imágenes de Lockett los cierra y evita que surjan dudas. Es chato, unidimensional, bueno o, mejor dicho, ‘buenista’.

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El colmo de la estupidez institucional llegó cuando en el Museo Castagnino de Rosario, la institiución que alguna vez consagrara a Lucio Fontana y Antonio Berni, se le ofreciera una retrospectiva. Es obvio que aquel era otro país. El que la Directora de ese museo no haya sido echada immediatamente habla de una sociedad en la que los dirigentes politicos sólo saben lo que gente como Lockett representa. La nuestra es la sociedad que consagró en su Museo Nacional a Eugenio Cuttica quien ademas ha recibido las loas de periodistas como Jorge Lanata o Gaby Levinas quienes se proclaman amantes del arte sin siquiera atreverse a respetarlo hacienda algo elemental…estudiarlo.

Pero ha llegado el día en el que Milo Lockett perpetra el vandalismo en primera persona y por su propia mano.  “Desde temprano, el artista plástico Milo Lockett está dejando su marca en la fachada de la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires”, anunciaba, hacia el mediodía de ayer, la cuenta de Facebook de la Secretaría de Cultura de Buenos Aires, respecto de un mural realizado en el edificio ubicado en centro de La Plata. Lo que la publicación no aclara es que, días antes, un operativo tapó con pintura blanca el mural original realizado por el artista local Pablo Motta, ubicado en la misma pared.

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La diferencia en la calidad de los murales es evidente y favorable para el vandalizado. Lockett repite esa organización en friso de sus homínidos de cabeza chata y falta total de volúmen que, claramente, obedece a la incapacidad del ‘artista’ de generar dicho volumen ni por medio de las perspectivas ni atraves de la luz. Motta en cambio, logra organizar la composición en torno de dos figuras que retuercen el punto de vista del espectador que parece elevarse a medida que se lee el arreglo de izquierda a derecha. Este tipo de lectura no sólo está planteado por el formato apaisado (en forma de texto) de la pared sino por la accion de la mujer que nos invita a leer la imagen. El piso en el que ambas figuras parecen flotar sobre hamacas divide el mundo entre el mundo de la naturaleza (el parque) y el mundo de la ciudad, idiosincraticamente organizada con tetraedros a modo de adoquines, formato cuya caracteristica principal son las diagonales, como las que articulan a la  ciudad que homenajea. Nada de esto puede decirse de Milo Lockett quien sólo se limita a articular frases hechas que confirman que este hombre ni siquiera sabe en qué gastar las fortunas que gana. Esto mismo puede decirse de la Gobernadora de Buenos Aires quien demuestra no tener ningún interes por la cultura. J A T

LA PASTELA DE MIGUEL HARTE

 

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