Accidentes comunes en el sexo, ¿te han pasado?

Accidentes comunes en el sexo, ¿te han pasado?

Cuando estamos teniendo sexo a veces ocurren incidentes que pueden ponernos en apuros. Aquí os dejamos los accidentes sexuales más comunes y os damos algunas recomendaciones para evitarlos o, al menos, saber salir de ellos lo más airoso posible. El accidente sexual más peligroso es el de la rotura del preservativo. Si tras acabar el acto sexual te das cuenta que el preservativo se ha roto, no lo dudes y ve a por una pastilla del día después. No es del todo probable que te quedes embarazada pero más vale prevenir en estos casos.

Otro ‘accidente sexual’ de lo más embarazoso es llamar a tu pareja por el nombre de tu ex. Esto es especialmente común que ocurra cuando se lleva poco tiempo con la nueva pareja y no hace demasiado tiempo que lo dejaste con tu anterior compañero o compañera sentimental. Si tu nueva pareja te pide explicaciones o le sienta mal, discúlpate con total humildad. Seguro que en un rato quedará olvidado.

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Si rompéis algún objeto fruto de una pasión desmedida, no os preocupéis demasiado. Este es otro de los accidentes más comunes a la hora de tener sexo. Aquí lo mejor es ser precavido y no tener nada demasiado valioso en un lugar en el que podáis caer en las garras de la pasión. Os evitaréis romper algo de valor.

Un incidente algo desagradable pero que también es bastante común es ser descubierto haciendo el amor cuando se hace más allá de las paredes de casa. Si estáis en la oficina, en el coche o en la playa es fácil que, de un modo u otro, os descubran. Tened mucho cuidado y asegurad que es realmente improbable que esto ocurra o no lo haréis tranquilos y al final habréis corrido un riesgo innecesario además de poco disfrutado.

Sufrir un calambre o un tirón muscular es otro de los contratiempos que a veces acaban ocurriendo. Para evitarlo, intentad no hacer posturas imposibles en las que no os sintáis demasiado cómodos, seguro que podéis encontrar una alternativa más sencilla e igual de placentera. Como veis, son accidentes muy comunes pero con soluciones bastante sencillas. Nada como el sentido común para evitar incurrir en la gran mayoría de estos contratiempos.

Imágenes: prevention/notey

 

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Fantasías sexuales más comunes de las mujeres

Fantasías sexuales más comunes de las mujeres

Ante la rutina sexual, lógica en casi todas las parejas fruto del paso de los años en las relaciones, la única solución es el uso de la imaginación y las fantasías para hacer de cada relación sexual un momento único. El uso de la imaginación en el sexo induce o aumenta la excitación, y convierte una situación plana en una historia apasionada. Para que esta fantasía e imaginación funcione es necesario llevarlas a niveles extremos para hacer de nuestras relaciones de parejas las más placenteras. Por eso veremos algunas fantasías sexuales femeninas más comunes.

El modo de fantasear es diferente según el género. Las mujeres suelen fantasear con su propia pareja aunque en diferentes contextos y situaciones. Además, las mujeres no tienen problemas en reconocer que en ocasiones se excitan imaginándose manteniendo relaciones sexuales con otras mujeres. Les encantan los juegos sexuales que les hagan salir de la rutina de las relaciones, lo que hacen que se exciten solo con su imaginación.

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Para aumentar el placer sexual es necesario innovar, utilizar la imaginación y la fantasía para no caer en la rutina. A la hora de hacer el amor con nuestra pareja, todo está permitido siempre y cuando cuente con el consentimiento de ambas partes. Cada vez más parejas introducen la imaginación en sus relaciones, utilizando todo tipo de juguetes y fantasías para llevar al éxtasis total a su acompañante.

Además de los juguetes sexuales o las fantasías de cada uno, hay una práctica que no suele fallar a la hora de otorgar placer. Se trata del sexo oral. Aunque aún hay muchas parejas que muestran algún tipo de reparo en esta práctica sexual, lo cierto es que ha quedado demostrado que es una de las mejores formas de dar placer a la pareja. Tanto el hombre como la mujer disfrutan del sexo oral. En el caso de muchas mujeres, pueden llegar a tener varios orgasmos simultáneos gracias a esta práctica.

Otra de las fantasías más comunes de la mujer es tener sexo con dos o tres varones. La idea de tener sexo con desconocidos o la práctica del sexo anal también suelen ser recurrentes, ya que implican cierto riesgo. Como ya sabéis las fantasías son fantasías, por lo que puede existir imposibilidad de realizarlas, tanto en el plano físico como psicológico.

¿Y tú, has cumplido alguna fantasía?

Imágenes: dailystar/boredwives

 

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Las diez fobias más comunes

 

Las fobias son más comunes de lo que piensas, y aunque no estén diagnosticadas, son un conflicto grave interno en las personas. Así pues, existen algunos miedos que son más comunes de lo que pensamos. Y estos son algunos de ellos.

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Miedo a las cosas que se arrastran

Sí, en líneas generales, es el miedo a los reptiles, es decir, a todo lo que vaya reptando por el suelo. No es lo mismo que el miedo a las serpientes, que es mucho más específico, aunque muchas voces aseguran que sí es lo mismo. De hecho, la herpetofobia es uno de los miedos más comunes. ES muy lógico, teniendo en cuenta que muchos de estos miedos nos producen una sensación de incomodidad interna, y queremos la fuente de ello lo más alejado de nosotros posible.

De hecho, es la segunda fobia más común del reino animal, y seguro que te sabes cuál es la primera, aunque te lo descubriremos a lo largo de este artículo. Da igual que sea una serpiente pequeña, una grande, o un lagarto, porque seguro que nos hacen temblar a la primera, y lo comprendemos. ¿Sabes de dónde viene la palabra “fobia”? Viene de “Fobos”, que era el hijo de Ares y Afrodita, y la encarnación del miedo en el mundo griego.

 

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Miedo a los espacios cerrados

Sí, la claustrofobia es un problema muy común, y de hecho, se puede detectar fácilmente, por ejemplo, en sitios pequeños y cerrados, aunque estén concurridos, como los ascensores, o las antiguas cabinas de teléfono. Estas personas sientes absoluto pánico en esos espacios, y no solo esto, también les agobia ver situaciones parecidas en el cine, o en la televisión.

Películas como “Enterrado”, no son de mucha ayuda, ni escenas como la de “Kill Bill” en la que Uma Thurman se queda atrapada. Sin embargo, gracias a algunas terapias, es posible tratarlo. Aunque los miedos no suelen ser afectar en la vida cotidiana, algunas de las fobias sí que pueden resultar muy incómodas para algunos trabajos o algunas situaciones que sí que se dan todos los días, así que siempre es preferible hacer algo para tratar el miedo. 

Miedo a los dentistas

Esto es mucho más frecuente de lo que podíamos haber imaginado. Es verdad que siempre nos da pereza ir al dentista, más que nada porque es una de las experiencias más o menos cotidianas, más dolorosas, y todos tenemos que pasar por ello. Esto, junto con la poca profesionalidad de alguno de los trabajadores de este sector, hacen que el miedo a los dentistas sea mucho más común de lo que pensamos.

Las malas experiencias suelen motivar este miedo. Es por eso, que para tratarlo, lo mejor es que acudas a un especialista, siempre hay que tratar de elegir un dentista que sea profesional, y que sepa tratar con este tipo de dolencias, además de que sea empático, o que ponga los recursos necesarios para ello. Por cierto, por si no lo sabías, el miedo a los dentistas se llama dentofobia. 

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Miedo a los perros

Más de uno y de dos tenemos cierta debilidad por las mascotas, sobre todo por los perros. Sin embargo, no todo el mundo se siente así, sino que hay personas que sienten un tremendo miedo, cuando ven a uno de estos animales cerca. Claro está, da igual que parezca inofensivo, porque ellos no lo ven así. Es la llamada cinofobia.

Si ves que, tus niños, desde que son pequeños, están desarrollando esto, lo mejor que puedes hacer es intentar quitarles el miedo con perros que sean de lo más dóciles. Los perros inquietos, en estas ocasiones, no van a ser de mucha ayuda, así que lo mejor que puedes hacer es, básicamente, llevarles a granjas, y lugares en los que puedan tocar, sin peligro alguno a toda clase de animales. Solo así, se acostumbrarán a su presencia, y poco a poco, podrán hacerlo llevadero, porque siendo adultos, el miedo se convierte en algo irracional.

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Miedo a espacios abiertos

Es lo contrario que la claustrofobia, pues la agorafobia es el miedo a los espacios abiertos, sobre todo si hay una gran multitud. Conciertos, o incluso Madrid en Navidad puede ser una pesadilla para la gente que padece esta dolencia. Es raro, porque ambos miedos son los más frecuentes que hay.

La sensación que tienen estas personas es que a pesar de estar rodeadas de gente, si les pasara algo, nadie se daría cuenta, y no les auxiliarían. Por eso, estas situaciones pueden llegar a provocar ansiedad, incluso dificultad a la hora de respirar. En estos casos, no sirve de nada la expresión de “cálmate”, o similares, porque evidentemente, no es algo que se pueda arreglar así.

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Miedo a las agujas

Técnicamente, el miedo a las agujas es conocido como tripofobia. Sin embargo te recomendamos que no hagas una búsqueda de imágenes con este nombre, porque puede llegar a ser desagradable. De esta forma, la tripofobia, o miedo a las agujas es algo que conocemos de sobra, porque seguro que conocemos a alguien que padece este miedo. Gente que no puede aguantar ver cómo le sacan sangre, por ejemplo.

Pero este miedo, no tiene que ver únicamente con uno mismo, sino también con los demás, puesto que estas personas, también pueden verse afectadas cuando ven una situación con agujas en la pequeña o gran pantalla. Ya sea por motivo de drogas o médicas, una aguja es algo que no pueden ver porque no pueden soportar la idea de que haya algo artificial dentro de su cuerpo.

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Miedo a las alturas

La acrofobia es el miedo a las alturas, y aunque la gente no lo crea, es algo que se suele desarrollar en la adolescencia. Por supuesto, también puede ser un miedo adquirido de los padres, si ellos también sufren este miedo, y se lo transmiten a su hijo, fuera de los parámetros de la normalidad de “agárrate o te caerás”.

Cuando ven cierta altura, suelen notar el vértigo, aunque sea en una primera planta en un balcón, y no haya peligro ninguno de caerse. Es más, en algunos casos, este miedo también deriva al miedo a las aguas profundas, porque sienten ese mismo vértigo al notar que sus pies no tocan con el fondo de la piscina o del lugar en el que está. 

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Miedo a las arañas

Efectivamente, este es el miedo más común de todos, y no nos extraña. Las arañas tienen un “algo” que nos da escalofríos, y que hace que nos encojamos en nuestros asientos. Puede ser asco, más que miedo, en la mayoría de los casos, pero hay personas que tienen verdadero pánico a este pequeño animal.

No es un miedo infundado ni irracional, en algunos casos es instinto, porque sabemos que la araña puede suponer un peligro al que estamos expuestos, debido a su veneno, si es que lo tuviera. Claro está, no todas las arañas son venenosas, pero se traspola la sensación de una cosa a otra.

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Miedo a volar

Seguro que te ha tocado con un pasajero de ese tipo, en más de una ocasión. Y es que el miedo a volar provoca auténticos ataques de pánico, ya que muchos piensan que no es nada seguro estar a miles de pies de altura, en un armatoste de hierro forjado. Evidentemente, visto así, da miedo, pero la verdad es que la gente lleva décadas volando, y los accidentes aéreos en aviones comerciales suelen contarse muy pocas veces.

Eso sí, si tienes a alguien cercano con el que vas a viajar y tienne este miedo, lo mejor es que se tome un calmante, más que nada para que no la líe antes de subir, y al final os quedéis en tierra y sin ese viaje.

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Miedo a las tormentas

Ese miedo es muy común y conocido como brontofobia o astrafobia. En realidad es la tercera fobia más común, y suele desarrollarse en la infancia, porque no entendemos el funcionamiento de estas tormentas, y a partir de ahí, solemos adquirir el miedo. Las largas tormentas pueden llegar a ser un suplicio, por lo que es mejor echarse a dormir y no sacar la cabeza del edredón.

Se dice que puede afectar a más del 21% de la población mundial. Es verdad que nuestro país no es muy dado a las tormentas, así que no sabemos exactamente qué tasa de incidencia tiene esto.

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