ES EL PRITZKER PRIZE DE ARQUITECTURA OTRO EJERCICIO CÍNICO DE RELACIONES PÚBLICAS (AHORA APLICADO A LOS POBRES)?

TEXTO DE FABIAN BARRIOS, PUBLICADO ORIGINALMENTE EN ARKRIT BAJO EL TITULO ‘LA DESIGUALDAD ES ELEMENTAL: CONJETURAS IDEOLÓGICAS PARA UNA CRÍTICA A LA QUINTA MONROY’

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Al medio de Alameda de las Delicias1,
Chile limita al centro de la injusticia
(Violeta Parra).

‘País de contrastes’, por lo menos eso sostiene el dicho popular entre los chilenos. Un país donde la desigualdad de ingresos es la más alta de la OCDE, donde existen comunas (ayuntamientos) con más de un millón de habitantes que no tienen hospital, donde las cadenas de farmacias se coluden para manipular los precios, donde está la mayor concentración de centros comerciales por persona del mundo, donde un presidente en ejercicio declara que «la educación es un bien de consumo», esa educación universitaria con los aranceles más caros de la OCDE, tanto así que hasta la Presidenta del FMI (sí, del mismísimo Fondo Monetario Internacional), admite necesarias reformas para dar más inclusión, equidad y cohesión a un tejido social híper deteriorado por el consumo, el clasismo y otros males heredados de ya sabemos quiénes2.

El milagro chileno promovido por los Chicago boys durante los años 1980, y reafirmado por los cuatro gobiernos de la coalición de centro izquierda que gobernó el país al volver a la ‘democracia’, ha tenido consecuencias potentes y profundas en la vida social del país, el sociólogo Pablo Torche3 lleva la absorción de la lógica tardo-capitalista a una dimensión infinitamente peligrosa cuando sostiene –con acierto- que en las últimas cuatro décadas la mutación se ha producido dentro de las personas:

«El mayor cambio de la sociedad [chilena] no es el de un cansancio ante el sistema de mercado, sino por el contrario, el de una creciente introyección de las lógicas de mercado en todas las esferas de la vida social, lo que ha conducido también a un descarnada privatización de las personas».

Es este el contexto que recoge la empresa Elemental S.A.4, quienes liderados por un pragmático5 y mediático Alejandro Aravena (quien es director ejecutivo de la firma), logran articular -con admirable astucia- intereses públicos y de empresas privadas para dar una ‘solución’ habitacional al problema de la vivienda social en Chile.

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Aravena y Gehry en la entrega del Leon de Oro de Venecia

Veremos a continuación tres conjeturas que podríamos articular como una mesa de tres patas para dar estabilidad y sustentar la lógica liberal en que se inscribe el proyecto de Quinta Monroy.

El primer apoyo de la gestión para configurar este proyecto es limitar el problema arquitectónico a la mitad. Bajo una reducción del problema a dinero por m2, Aravena concluye que ante la ausencia de financiación por parte del estado, no es posible dar 80 m2 de calidad, por lo tanto la solución es dar la mitad. Sí, solo la mitad, como un médico que decide dar la mitad de un tratamiento contra una enfermedad vital;  la otra mitad dependerá del emprendimiento y esfuerzo de los más pobres, que en rigor no tienen para comprar ni un metro cuadrado.  Es hacer responsable al desamparado de su propio desamparo y el futuro de este, así el individualismo de la sociedad de mercado expía sus culpas y las transfiere a los necesitados.

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Esquema justificativo de la reducción del problema a la mitad de la solución.

El segundo apoyo está en la jugosa lógica que precede al personaje Kasper Hauser, ese supuesto hijo de rey que viviendo encerrado toda su vida, aprehende y limita su mundo a lo poco que conocía, por total ignorancia de experimentación y conocimiento satisface sus anhelos sólo con un plato de comida, agua y un caballo de juguete. En el caso de la Quinta Monroy, con un ingenio asombroso, los autores-gestores del proyecto hacen participe a los beneficiarios en procesos de participación ciudadana, compartiendo las decisiones proyectuales con ellos. Así el peso del resultado queda blindado a cualquier reparo posterior, pues es el habitante quien ha definido su propio proyecto. Entonces ¿Cómo negar el acierto a algo que ya no es responsabilidad del arquitecto, si no resultado de procesos de participación, donde los que no saben nada de arquitectura asumen como propias las decisiones de los que sí deberían saber y responsabilizarse de ellas? Es un paso esencial para transformar a las ‘víctimas’ en ‘culpables’, para reducir los posibles reparos de recibir la mitad de una solución y para concientizar a los habitantes de las bondades de lo ofrecido.

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Evolución del proyecto en diez años.

El tercer apoyo del proceso es ignorar y no actuar considerando el crono-topos Bajtiano, es decir, obedecer a una lógica instantánea: lo que se fotografía queda impreso y el devenir en el tiempo ya no es responsabilidad –ni interés- de los arquitectos. Ese aireado contraste de volúmenes y vacíos que muestran las fotografías del proyecto recién acabado son lo necesario para sugerir una calidad espacial, poco importa que por responsabilidad del autor (o de los habitantes, pues han estado en procesos de participación ciudadana y ellos han decidido ¡no olvidarlo por favor!) algunas viviendas queden sin privacidad en sus patios traseros al tener la otra vivienda encima, que al ser el usuario quien deba ‘completar’ la vivienda transforme, como le han sugerido, esos vacíos en algo similar a los bloques de vivienda social que entregaba el estado chileno en la segunda mitad del siglo XX. Ya poco importa que el arquitecto deba ser, como ha dicho el propio Aravena, «un maestro de las consecuencias de la forma».

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Arriba: Espacio colectivo de bloque de vivienda social estatal de las últimas décadas del Siglo XX; Abajo: Espacio colectivo del proyecto de Quinta Monroy (cualquier similitud es sólo conjetura). 

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Izquierda: Calle y patios de viviendas de bloques sociales de fines del siglo XX en Chile; Centro y Derecha: patio de una vivienda y calle de acceso a Quinta Monroy.

Si estas conjeturas no lo son tanto, estamos frente a un proyecto que paradójicamente reproduce lo que dice intentar combatir, produce desigualdad al considerar a los habitantes de esas viviendas, como seres de otra clase social y destino, que pueden vivir en casas a medio terminar, sin privacidad y en entornos altamente deteriorados, que además, y sarcásticamente, reproducen ese deterioro6. Pareciera ser que ya todo es visto bajo la lógicaintroyectada que argumenta Torche, y que tan ejemplarmente sostiene la académica Lucía Santa Cruz7:

«…la premisa fundamental de que la pluralidad, la diversidad, incluida la desigualdad en muchas de sus formas, son elementos constitutivos esenciales de la sociedad moderna basada en la libertad y autonomía de los individuos. En este sentido, las distintas expresiones de toda índole que conviven en la sociedad no son vistas exclusivamente como fuentes de potenciales desintegraciones sociales, sino valoradas en su legitimidad como manifestaciones enriquecedoras de la vida social y garantía de la libertad de las personas».

AL RESPECTO, NO TE PODES PERDER MI CHARLA CON MAURICIO CORBALAN


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