La Urolagnia, el placer fetichista de una buena ducha dorada

¡Ay que te meo!, una expresión que a mucha gente le daría bastante asco pero que muchos otros la usan en su vocabulario sexual cotidiano. Y es que hay muchos a los que les gusta introducir la orina en sus juegos de cama. Para ellos , la orina es un líquido fetiche, y sentir ese líquido dorado de su compañero/a de juegos en el cuerpo les excita. Son los amantes de la Urolagnia, o lo que vulgarmente llamamos como lluvia dorada.

Orinarse el uno al otro o culminar la eyaculación con un buen “pisete” sobre la pareja, son las formas más habituales que hay en este fetichismo. Pero como en todo, hay mil maneras de disfrutar de la orina en el sexo. Incluso están los/las que lo engullen sin ningún pudor (urofagia), algo que por supuesto no debe ser muy recomendable, aunque a lo mejor para muchos puede ser una gran manera de hidratarse.

fetichismo sexual: lluvia dorada

fetichismo sexual: lluvia dorada

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Para muchos es una parafilia no muy recomendable, ya que según los expertos, la gente con urolagnia a menudo gusta también de miccionar en público, orinarse encima, observar cómo orinan otros o ser orinadas por otras personas.

De todas formas los amantes de la Urolagnia, se sienten atraídos por el sabor y el olor del pis. Aceptar la orina de tu compañero/a de juegos, aceptar una lluvia dorada, es una buena manera de confirmar que aceptas todos sus fluidos. Y por último a quién no le entran ganas de hacer pipi después de un buen polvo… pues eso.

fetichismo sexual: lluvia dorada

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Lo único, hay que tener en cuenta donde realizas esta parafilia. Orinar la cama no es una práctica muy aconsejable, por lo que la ducha puede ser el lugar más indicado para compartir este tipo de fluidos.

fetichismo sexual: lluvia dorada

fetichismo sexual: lluvia dorada

Como anécdota, el origen y nombre de esta práctica sexual parte de la mitología griega: Zeus (que por lo que parece era un poco “cerdete”), para seducir a Dánae, que estaba encerrada en una jaula inaccesible, se transformó en lluvia dorada y la dejó embarazada. Fruto de esta especie de acto sexual nació el gran Perseo, al que imagino yo que no le gustará mucho escuchar la historia de cómo fue engendrado.

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