TRAS COMPARARSE CON VALENTINO, UN ALTERADO LAURENCIO ADOT DICE QUE EN ESTADOS UNIDOS LE OFRECIERON LA NACIONALIDAD Y LO CONFUNDEN CON OSCAR DE LA RENTA

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MIS COMENTARIOS AL MARGEN…

“Yo aprendí en la calle, porque en mi época no existía la universidad de moda. Quise estudiar pero no pude: cuando se abrieron las carreras, ya no podía ser alumno ¡porque era maestro!”. Ríe Laurencio Adot en su coqueto showroom en Recoleta, “un edificio de Bustillo que me recuerda a la belle époque de mis abuelos”. Allí acuden mujeres en busca del Santo Grial: el vestido perfecto. “Las contengo en sus días más importantes. Una chica que cumple 15 años y ya se siente mujer, una joven que se casa, una señora de 80 años que se prepara para la que quizás sea su última fiesta, una nena de 12 que va por primera vez a un evento social. Son situaciones que me llenan de energía. Siento que mi dedicación, en un momento en el mundo en que no hay compromiso general, es especial. Una creación mía es cara, pero no se mide en dinero. Es un lujo porque si una mujer se lo puede dar, va a sentir que estoy con ella y que le entrego lo más importante que tengo: mi tiempo”, sentencia.

MI COMENTARIO: Segun Laurencio Adot, no estudio porque ‘en su epoca’ no habia universidades de moda (apesar de que, segun dice, viajo por todo el mundo desde muy joven. Para peor, el considero desde siempre ser ‘maestro’ sin educacion alguna. A partir de alli, comienza toda una serie de alusiones a su abolengo con frases como ‘la belle époque de mis abuelos’. La referencia a la señora de 80 años que se compra el ultimo vestido antes de morir habla mas de el que de la tercera edad.

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¿Cómo nace su amor por la ropa?
Yo fui lo que se dice un chico bien: mi familia siempre vivió en la avenida Alvear, fui a uno de los mejores colegios privados de la Argentina (N. de la R.: Cardenal Newman) y a los 19 años ya había recorrido el mundo. Mucho antes de convertirse en shopping, el Patio Bullrich fue mi potrero, donde jugaba a la pelota con mi amigo Diego Bullrich. Mi abuelo había llegado de España y había fundado una empresa textil que llegó a la Bolsa, y se hizo millonario. Mi padre continuó ese legado. Al mismo tiempo, mi abuela, mis tías y mi madre siempre fueron personajes de la alta sociedad argentina, consideradas mujeres elegantísimas y pilcheras. Desde muy chico, las acompañé a las casas de las modistas todas las semanas. Así fue como recibí una educación en valores como el trabajo, el respeto, la integridad, pero también en la que la fantasía no era una mala palabra. Ya de niño hablaba de manera diferente al resto de mis compañeros de colegio: mientras ellos pensaban en la pelota, yo pensaba en cashmir, seda, satén. Mis primeros figurines los hice en los libros de geografía, porque me aburría en las clases.

MI COMENTARIO: La inseguridad de Adot por ser un ‘chico bien’ roza la tierno. Las referencias al Patio “Bullrich’ como su ‘potrero’ y a su amido Diego ‘Bullrich’ son pateticas y todo, por supuesto termina con una declaracion de voluntad al decir que ‘su familia era de la alta sociedad’ a pesar de lo cual él, por propia confesion, comenzo su trabajo sin estudios y como bagayero.

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¿Y cuándo esa pasión se volvió profesión?
Creo que estaba predestinado a suceder, aunque al mismo tiempo nunca lo planeé. Yo iba a estudiar Arquitectura, pero por un revés económico, en el que perdí todo, empecé a importar ropa para venderla acá, en un departamento alquilado frente al cual las madres e hijas hacían fila por horas. También estacionaba en la puerta el auto de Amalita Fortabat, el chofer tocaba el portero y me avisaba que ‘La Señora’ quería ver qué había traído de afuera ‘ese chico Adot’. El éxito fue impresionante, pero luego no pude traer tanta cantidad. Ahí fue cuando empecé a hacer yo los primeros modelos, trabajando con el sastre de mi padre y las modistas de mi madre. Al año, estaba haciendo un desfile en el Club Francés, donde mi familia jugaba a las cartas. Al siguiente, era un personaje del año de la revista Gente. Era un nene y, de repente, estaba en una misma foto con Mirtha, Susana y otras 80 personalidades de la Argentina. Y así, algo que empezó por accidente, casi como un juego, se transformó en mi primera boutique, que dio inicio a una empresa exitosísima.

MI COMENTARIO: Este parrafo da la pauta de como funciona la cuestion en una sociedad endogamica como la Argentina ya que Adot paso de bagayero a ‘personaje del año de la revista Gente’ en un año. Hagamonos cargo de la falta de seriedad de nuestro mercado.

Tuvo entonces, además de talento artístico, un gran olfato comercial…
En mi familia hay arquitectos, artistas y empresarios: llevo esa mezcla en la sangre. De alguna manera, estoy hecho para el márketing y los negocios. Además, nunca se me cayó un anillo por meterme en la moda: no tuve vergüenza ni miedo. También comencé en un momento muy interesante: antes de los ‘90 no había ropa para la gente joven. Yo soy de la generación de Alan Faena y Via Vai: éramos un grupo de diseñadores que apostábamos al futuro de la moda en el país. ¿Una época dorada?
Más que dorada, era una época en la que existían la palabra, los códigos, la familia, una educación que ya no se encuentra.

MI COMENTARIO: Es interesante el reclamo nostalgico a los valores de ‘la palabra, codigos, la familia y la educacion’ cuando el personaje en cuestion es un plagiador que bordea la delincuencia y, segun el mismo, no tiene una educacion.

¿Cree que en la Argentina estos principios ya no están presentes?
El vacío es en el mundo, no sólo en nuestro país. Acá, se siente mucho el cimbronazo porque somos 40 millones de personas, la mitad de la población total que tiene la ciudad de San Pablo, en Brasil. Esas comparaciones dan una buena perspectiva de nuestra situación. Así y todo, yo amo a mi país. Me ofrecieron pasaportes de todos los países de Latinoamérica y de Estados Unidos para radicarme en el exterior y trabajar allá. Viví por estadías cortas en Madrid y París, pero siempre vuelvo a la Argentina. Claro que tuve mis momentos difíciles. El año pasado, por ejemplo, tuve una causa penal porque me acusaron de tener talleres clandestinos y contratar trabajadores esclavos (N. de la R.: A raíz de una investigación del semanario Democracia del Grupo Crónica junto a la ONG La Alameda, que también implicó a los diseñadores Benito Fernández y Jorge Ibáñez). Realmente la pasé pésimo: amenazas, hackeos, persecución política, escraches. No sé quién armó esa operación ni me interesa, pero hay personas que todavía me encaran y me dicen barbaridades.

MI COMENTARIO: ‘Me ofrecieron pasaportes de todos los paises de Latinoamerica y y de Estados Unidos para radicarme en el exterior’ (sic). En serio? En el exterior? Capaz que le ofrecian pasaporte yankee para radicarse en Cordoba? Hasta para mentir es tonto!

¿Otras cosas que lo enorgullezcan?
Estoy cumpliendo 25 años en la Argentina y los festejo con todo. Esa historia que empezó mal tantos años atrás, ahora termina bien porque mantuve un eje. Como buen hijo de industrial, me dediqué a trabajar y a crear un nombre que hoy es mi tesoro. Te puede o no gustar mi ropa, pero Laurencio Adot es sinónimo de trabajo y de calidad. Salvo a Mirtha, ¡vestí a todas las grandes mujeres del país! También fui uno de los 200 invitados de la presidenta y del Ministerio de Cultura a la cena del Bicentenario. Represento a la Argentina en el mundo, hice las fashion week de toda América latina y en Estados Unidos me bautizaron ‘el nuevo Oscar de la Renta’. ¿Qué más puedo pedir? Me siento halagado y elegido. Al mismo tiempo, no me convertí en personaje: sigo siendo persona. Quiero que se vea mi ropa pero también, más allá del vestido, que se vea a un hombre de bien. Siento que lo logré.

MI COMENTARIO: Se dedicó a crear un nombre que hoy es su ‘tesoro’. Y con los plagios que hacemos? Ayer escribi un post sobre el modo ficcional en el que los argentinos se ven a si mismos y este es un caso claro al punto de que puede llegar a enunciar algo como que lo llaman ‘el nuevo Oscar de la Renta’. Esto ya es cualquier cosa. J A T

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