TRAS ESTAR DIEZ AÑOS JUNTADA CON UN MITÓMANO QUE USÓ INDEBIDAMENTE EL TÍTULO DE CONDE, JULIANA AWADA TUVO QUE PONER LA CARA EN LA CORTE DE BRUSELAS

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EL PASADO

Cuando por la tarde de Bruselas y cerca de las 11.30 (hora argentina), las puertas de la sala de audiencias del Palacio Real Belga, sede, en su momento del poder Habsburgo en los Países Bajos a través de la Archiduquesa Isabel Clara Eugenia, entre otros, y el nombre de Mauricio Macri y su mujer fueron pronunciados, algo tuvo que haber pasado por la cabeza de todos los involucrados en el encuentro y esto es algo que nos debe importar a los argentinos quienes venimos eligiendo mitómanos en los lugares más elevados de representación de nuestra república, como si el engaño fuera una de las pocas virtudes que los argentinos tenemos para mostrar.

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El encuentro fue, por supuesto entre Mauricio Macri, Juliana Awada, y los reyes de Bélgica, Felipe y Matilde, quienes, por supuesto, saben del paso de nuestra Primera Dama por la ‘nobleza’ belga. Es que, como dicen, la mentira tiene patas cortas, y la vida se toma sus revanchas y el momento de consagración social de Juliana Awada coincidió con el momento de mayor vergüenza.

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Según Franco Lindner en su libro ‘Juliana’, fue la gerente de la Cámara de Comercio Belgo-Luxemburguesa quien tuvo que salir, en nombre de la Corona Belga, a aclarar, en su momento, que la ex pareja durante más de diez años de Juliana Awada mentía al decir que era un ‘conde belga’. De hecho el email que envió la gerente fue el siguiente:                        


“Mi nombre es Géraldine Smeets, soy belga, vivo desde hace ya 19 años acá en Argentina. Soy gerente de la Cámara de Comercio Belgo-Luxemburguesa, y por mi actividad conozco personalmente a Bruno Barbier”, decía el correo electrónico enviado al periodista Marcelo Larraquy, que había escrito una nota sobre Juliana Awada y su ex pareja, el empresario belga. Y enseguida, sin anestesia, iba al grano: “Quisiera comentarle, a pesar de que hace ya varios años se le adjudicó el título de conde acá en Argentina, que no lo posee. En ningún momento él o su familia fue parte de la nobleza belga. Saludos cordiales”. ¿Smeets quería desenmascarar al falso conde?

Al respect, Franco Lindner dice: ‘En casi diez años de relación, ni Bruno Barbier ni Juliana se habían tomado el trabajo de aclarar el malentendido, a pesar de ser figuras que desfilaban habitualmente por las revistas de la farándula. Eran famosos, en parte porque Juliana ya brillaba al frente de los diseños y la tarea comunicacional de Awada, una marca líder, y en parte porque su media naranja no era un cualquiera, un gris abogado, un frío dentista, un comerciante anónimo, sino que ostentaba el título de conde. Conde y extranjero, mejor aún. Era un miembro de la nobleza europea, como se repitió una y otra vez en todos los medios. Pertenecía al jet set internacional, a un ambiente en el que Juliana definitivamente se sentía a gusto’

Luego Lindner dice que ‘a pesar de las entrevistas en las que Juliana siempre hablaba de su “marido” o de su “matrimonio” con Barbier, los allegados a él me confirmaron que nunca hubo casamiento, ni tampoco división de bienes cuando todo concluyó. Lo mismo se desprende de los registros públicos sobre ambos.

Juliana no estuvo casada con un conde. Estuvo “juntada” con un plebeyo. Millonario, eso sí’.

Géraldine Smeets, la del correo electrónico que lo deschavó, le dijo a Lindner:

—Lo conozco a Barbier y me consta que no es conde. Esto es una confusión y le podría traer problemas por uso indebido de un título.

—¿De dónde puede haber surgido la versión de que es conde? —le pregunté.

Smeets se quedó pensando:

—Es raro. El tema se mediatizó. Un día alguien lo gastó en la Embajada belga en Buenos Aires: “Che, ¿así que sos conde vos?”. A él no le gustó nada, dijo que no lo era.

—¿Puede haber heredado el título de su madre, como lo escucharon decir? —insistí.

—No veo cómo —dijo Smeets—. El título se pasa de padre a hijo, nunca por la madre.

La compatriota de Barbier prometió revisar los registros de la nobleza de su país, a los que tiene acceso.

Al rato volvió a llamarme:

—Confirmado, no tiene título de nobleza, y la madre tampoco.

—¿Algún otro familiar? —pregunté.

—Hay un primo segundo de Barbier al que nombraron barón en el año 2006, se llama Jean Vandemoortele —dijo Smeets—. Pero ese título es suyo, no está en manos de Barbier.

—Entonces Barbier está flojo de papeles.

—No es conde, se lo aseguro.

Lindner continua diciendo: ‘Comienzo desprolijo. En los primeros días del año, Juliana viajó a Punta del Este, sola, soltera, lejos del hombre con quien ya no quería seguir conviviendo. En realidad, lo de soltera es un decir. Porque, aunque ya no estaba con Bruno Barbier, lo cierto es que había otro. El relacionista público Wally Diamante, quien trabajaba con ella en el marketing y la comunicación de la marca Awada, la visitó por esos primeros días de enero de 2010. Estaban en la chacra de Barbier, y sin Barbier’.

Awada veraneando en la chacra de su ex (no) marido en Punta del Este con Wally Diamante y ahora teniendo que poner la cara frente a los que, obviamente, estan al tanto de todo. Ese silencio que Awada pretende ignorer pero que, a ese nivel, no se ignora. Es así, somos baratos. Es lo que hay y da mucha vergueza, al mas alto nivel. J A T

MI ENCUENTRO CON OTRO MENTIROSO…WALLY

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