VA A COSTAR TOMARSE EN SERIO A ELENA POVARCHÉ DE RUBBERS TRAS LA MUESTRA DE JULIO CHAVEZ EN SU GALERÍA

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Se hace un tanto difícil tomarse en serio a los Povarché (Natalio y Elena) si dedican el espacio de su galería (Rubbers) a mostrar la obra de Julio Chavez. La situación es confusa ya que si bien el ámbito en el que las obras son presentadas es el de la Galeria Rubbers, Chavez no parece haber sido ‘bendecido’ con ser un artista de la galería y compartir cartel con Xul Solar, Lino Enea Spilimbergo, Jorge Gamarra y Emilio Petorutti. Aunque sospecho que lo que Rubbers enuncia como ‘artistas’ no son los artistas de la galería sino aquellos artistas cuyas obras tienen en trastienda. Esto ya abre una serie de interrogantes sobre la seriedad del proyecto.

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No es cierto que en el mundo y al más alto nivel no estén ocurriendo cosas interesantes en materia de pintura y escultura y, mas aún, respecto a la relación entre ambas. Sin ir más lejos, artistas como Laeh Glenn, Joseph Marioni, Noam Rappaport, Lauren Silva, Jonathan Lasker o Shara Hughes son algunos de los que están explorando una cuestión no menor en la actualidad que es por qué seguir pintando. En el caso de Glenn, la pintura deviene el medio para explorar la relación entre la tela y la pintura en tanto símbolo o ícono. En el caso de Marioni, la pintura es vehículo para una exploración  del color  ya no como objeto sino como imágen. En el caso de Rappaport, las exploraciones de Frank Stella entorno del marco y la forma del objeto pictórico son abordadas transformando el cropping en un modo de enmarcar y tematizar el marco. Los ejemplos siguen y son tema de una Cañechat que voy a tener con el artista argentino radicado en Chile, Elias Santis, hoy más tarde.

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Nada es más ajeno a toda esta exploración seria de la imágen que la obra de Julio Chavez, quien parece haber llegado a la plataforma de Rubbers por su capacidad de movilizar invitados como Graciela Alfano o Natalia Lobo. Su muestra demuestra un esfuerzo inusitado en la nada misma. Sus esculturas son representaciones tridimensionales de gestos o expresiones abstractas presentadas mas o menos prolijamente dentro de una caja de plástico transparente que le da relevancia en tanto obra de arte. Hay algo suprematista en el modo que arregla sus ‘palitos’ o ‘baritas’ de colores que parecen ser primarios pero, en una segunda mirada, no lo son. Nada tiene que ver con Malevich ya que el espectador que construye en lugar de volar (como en el ruso) es eminentemente inmovil y ‘clásico’.

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Esto desde ya nos lleva a la pregunta ética de por qué Julio Chavez hace esto y por qué Elena Povarché pone a su prestigio y el de su galería en juego endorsando este tipo de práctica. Desde ya, no tengo respuesta para esto. No existe en ninguno de los objetos presentados reflexión teórica que amerite su lugar en un mundo ya saturado de objetos. Digo esto en tiempos en los que la posibilidad de objetos virtuales (en la PC o en video) nos permiten hacer este tipo de ‘gestos expresivos’ sin necesidad de generar más ‘basura’ (material y objetual). Desde ya, y mas allá de la cuestión ecológica, el arte de Julio Chavez viene espejado con sus bocetos, como si importaran, que se parecen un poco demasiado a las composiciones de Milo Lockett. Es este el tipo de arte que los habitantes de Nordelta necesitan para decorar sus livings? Es a este tipo de mercado al que los Povarché apuntan? Una pena porque parecían serios. J A T

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