ALEJANDRO AGRESTI CASI SE AGARRA A PIÑAS AL FINAL DEL ESTRENO DE SU NUEVA PELÍCULA CON AWADA Y AL HACERLO, HACE ARTE

La entrevista de este mediodía que me hizo Maria Paula Zacharias en Radio Cultura puso en evidencia cómo los periodistas ‘culturales’ poco formados confunden la critica cultural con sistemas de alianzas y contra-alianzas que, sorprendentemente, terminan en planteos de ‘buena conducta’ y ‘cortesía’ como si eso fuera relevante al momento de abordar una actividad humana esencial como el arte. Soy de esos que creen que la cultura se construye, también y principalmente, con incomodidad y en el barro y si bien no soy crítico de cine, al punto de tener una relación muy insegura y respetuosa  con ese medio, el escándalo generado a varios niveles entorno del estreno de Mecánica Popular, la nueva pelicula del prestigioso director argentino Alejandro Agresti pone en evidencia cuestiones que son de fundamental importancia para este blog y, según entiendo, para entender el lugar de la cultura y el arte en medio del simulacro generalizado. Estos temas fueron maravillosamente sistematizados (no sin problemas) por Leo Tolstoi en su ‘Qué es el arte?’. Me refiero, por supuesto, a ‘la burocracia del arte’ y a la critica como uno de sus modos de articulación mas dañinos.

Lo que intento plantear en este post tiene forma de pregunta y la de es si la crítica cultural debe constituirse en un instrumento de construcción de poder, que uno podría incluso considerar,  ‘para-estatal’ o debe ser una instancia de debate para que las obras de arte respiren y se abran al publico y también a los mismos artistas, mas allá, del peso de su intencionalidad.  Agresti es el director de Buenos Aires Viceversa, El amor es una mujer gorda y El acto en cuestión y ahora llega con Mecánica Popular, película que no ví (pero que voy a ir a ver la semana próxima). Es por no haberla vista que, obviamente, no voy a referirme a la pelicula en sí, que viene siendo fuertemente criticada por su conservadurismo visual, excesivo diálogo (desde el punto de vista de un medio cinematografico como el argentino que, por alguna razón misteriosa, parece privilegiar como fuente de valor artistico al silencio paisajístico) y un alto componente de misoginia. Sin embargo, no me interesa (por ahora) tanto la película y su contenido ideológico como lo que se generó en torno de su estreno y su relevancia cultural que, según entiendo, no puede ser separada de la intencionalidad del director por mas imprevisto que haya sido.

Lo cierto es que el dia del estreno en el Gaumont el director Agresti tras ver que la banda sonora de su pelicula habia sido cambiada sin su consentimiento salió a buscar al asistente del productor, a los gritos, para cagarlos a piñas. Al respecto el lector Luis del blog de critica cinematografica ‘Otroscines.com’ dijo: ‘Fue vergonzoso salir de la premier, y ver al mismísimo director gritando y queriéndole pegar a uno que se fue corriendo’. La lectora Nicole salio a aclarar esta situacion diciendo: ‘El episodio que vos llamás vergonzoso, lo fue pero no por parte de Agresti. El productor, para ahorrarse diez mil pesos, cambió la música elegida por el director para la película y sin avisar ni consultar, cambió las copias antes de la función. Después de cometer esta terrible bajeza, mandó a este chico a dar la cara por él. Comprenderás, espero, la indignación y el enojo de Agresti. Solo estaba defendiendo su obra, como ojalá lo hicieran todos los directores con la suya. Lo que viste, fueron huevos, algo que siempre tuvo, en los ochenta, los noventa y en la actualidad en la cual ya casi no existen evidentemente. Saludos, “inocente espectador”…’

Este diálogo tiene lugar como consecuencia de la critica de Diego Battle en el mencionado blog (‘Otroscines.com’) quien funda su opinión desfavorable en que la pelicula está cruzada por una ‘ (in)tensa charla entre ellos -“regada” con abundante whisky y provocaciones cruzadas- (que) será el eje de una película recargada en la que sólo el inmenso profesionalismo de Awada (que atraviesa un gran momento artístico) es capaz de sostener con no poca credibilidad la verborragia y la pomposa impronta de los diálogos de Agresti. Para peor, en la segunda mitad la bajada de línea deriva con la presencia de Romina Ricci hacia los fantasmas del pasado y las dolorosas consecuencias íntimas de la última dictadura militar. Patricio Contreras (un portero)y un desaprovechado Diego Peretti (asistente en la editorial) completan el elenco de un film en el que la palabra y la crueldad le ganan por goleada al poder de la imagen, herramienta esencial del cine’

Repito que yo no se de cine pero esto como critica no puede ser suficiente. Por qué Peretti está desaprovechado? Cuál es el problema con charlas tensas e intensas? Por qué son ‘pomposos’ los diálogos? En el 2016, una critica de arte no puede estar estructurada sobre adjetivaciones (esta vez sí) ‘pomposas’. Desde donde habla Battle. Sin embargo, y lo digo una vez más, no habiendo visto la pelicula, no quiero meterme en territorio de Battle. En donde sí debo meterme es en el lugar desde el que se Battle para para ignorar como ‘poco cortez’ e ‘irrelevante’ la invitación del Agresti a discutir quien, en dicho blog, se tomó el trabajo de responder a la critica del critico abriendo una linea de dialogo que, en las artes visuales, mi linea de especialidad, me es misteriosamente privada. Estas son las palabras del mismísimo Agresti:

‘El título de la nota dice exactamente lo que te molesta “Cien por ciento Argentina”…. no gastes guita en analista para que te diga lo mismo… Seguí escribiendo maravillas sobre películas hechas acá pero parecen de otro lado… Seguí cometiendo el mismo lapsus. Todo lo que copie al cine Chino, Sueco, o al tonto mantequita que no tiene nada para decir, recibirá grandes halagos de tu parte. La diferencia entre vos y yo, es que viví 26 años en Holanda e hice 18 largometrajes, y en vez de esperar que me digan de afuera qué aprobar y qué está en onda, para hacerme el cool a destiempo, me juego por lo que veo, escribo y me rompo el cu para eso. Esta vez no vas a lograr que me vaya del país, tontito. Seguiré haciendo películas, una tras otra, y ustedes blalalalalala, cómo tu amigo Bernades, que fue a ver una peli china y el proyectorista se olvidó de subir el sonido y halagó la falta de diálogos…. Increíble…. ¿No se dan cuenta que son patéticos?…. Ya mataron El viento y Valentín, y todo lo demás porque quieren que acá se filme lo que se vió 20 años antes, o nos festejan en festivales pedorros cómo si fuéramos lacayos, en caso de hacer algo parecido a la tontería de ellos….. Snobs extranjerizantes. Sí. Gracias 100 por ciento Argentina. A pesar de vos y todos los frustrados babiecas… Alejandro Agresti’.

El tono de Agresti es provocador pero cuál es el lugar del artista sino el de la pasión y el compromiso. El lugar del critico, en cambio, es el de navegar atreves de esos ‘excesos’ y ‘deformidades’ para ayudar a todos a identificar la ‘forma’. Nunca ese diálogo entre crítico y artista puede ser tomado en términos personales y mucho menos descartado por ‘irrelevante’ o ‘descortez’ como si de una reunión de jugadoras de Bridge se tratara. Esto nos coloca a Agresti y a mí del mismo lado, el del ‘hibris’ como modo de la ‘forma’. Lejos de recoger el guante para hacer su trabajo, Battlle se refugia en su gris torre de pseudo-marfil y responde al objeto de su critica con un cobarde y altanero:‘Gracias Agresti. Con tu explicación me di cuenta de que tu película es genial y el equivocado era yo. Saludos’.

Esto pone en evidencia que Battle es un burócrata o algo similar y su pasión no está en la critica de arte sino en algo que tiene mas que ver con la construccion de poder atraves de la adjetivacion y la ‘salud publica’. Si el lugar del critico no es la de provocar el dialogo, su lugar es irrelevante y si la pelicula de Agresti es mala, lo que ocurrio a su alrededor pone en evidencia a un Agresti que es artista hasta en sus fracasos. J A T


LOVEARTNOTPEOPLE